Juan Pablo, traductor y estudiante de Caminos, tenía pasión por las presas. Les sacaba fotos, escudriñaba en busca de sus secretos... Marisol era informática, pero su pasión era la egiptología, incluso estaba aprendiendo a descifrar los jeroglíficos. La gran afición de Nicoleta, rumana que dejó el catolicismo para convertirse al adventismo, era darle al balón. Jugaba en el parque con los chicos del barrio. Tinka, búlgara, se ponía muy triste cuando el niño al que cuidaba se quedaba llorando en la guardería. Seguro que echaba de menos a su propia hija, a la que tuvo que dejar atrás en su país. Carlos, que chateaba con el seudónimo de Wallace, conoció por Internet a la que luego se convirtió en su mujer. Sam esperaba los papeles para traerse a su familia de Senegal. María luchaba por obtener una beca Erasmus. Todas esas vidas quedaron rotas el 11 de marzo.
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- JUAN PABLO MORIS CRESPO / Pasión por las presas
- SAM DJOCO / Esperaba los papeles para traer a la familia de Senegal
- NICOLETA DEAC / La chica del balón
- MARISOL RODRÍGUEZ DE LA TORRE / Aprendía a descifrar jeroglíficos egipcios
- CARLOS SOTO ARRANZ / Idilio por Internet
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- TINKA DIMITROVA PAUNOVA / Tan lejos de su hija, tan cerca de un hijo ajeno
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 19 de marzo de 2004