Mientras suplica por la vuelta de Ronaldo, el Real Madrid se encuentra acorralado en cabeza a falta de nueve jornadas para el final. El Valencia, que parecía despeñado desde su tumultuoso paso por Chamartín, le tiene a tiro de un punto. Y, por primera vez en toda la temporada, el Barça se encuentra en la carrera por el título, a dos partidos del líder tras una fabulosa racha de nueve victorias consecutivas. En realidad, la Liga empieza de nuevo, justo en el peor momento del Madrid, fatigado, con una plantilla tan escuálida que a ojos de Carlos Queiroz, el técnico, se reduce a una docena de actores. Los demás son meros extras de un proyecto presidencial que obliga a los sucesivos entrenadores a colgarse del cuello de los astros y cruzar los dedos. Lesionado Ronaldo, el Madrid se ha quedado tieso. El brasileño no sólo ha sido la mejor solución ofensiva del Madrid durante todo el curso, sino que su extraordinaria efectividad ha condicionado de tal forma el juego del equipo que sin él éste se siente extraviado, sin guión. Por contra, los rivales se sienten tan aliviados que sin Ronaldo a la vista dan un paso al frente, adelantan la defensa y enredan al Madrid. Los 7 puntos que ha perdido el Madrid desde el mismo día que se lastimó Ronaldo en Santander revelan el impacto del jugador en la galaxia blanca.
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La otra estrella mayúscula de la Liga es Ronaldinho, una joya que ha espabildado al errante Barça de los últimos años. De menos a más,con Rijkaard bien aplicado y Ronaldinho divino, el equipo azulgrana celebró su agónica victoria ante la Real en el último suspiro (1-0, Ronaldinho, de falta) como si se tratara de una corona, con los jugadores abrazados y el público alborozado. Definitivamente, el Barça ya cree en sí mismo y ahora se presenta como un firme aspirante.
El Valencia, por su parte, vive de la terapia colectiva de Benítez, sin un Aladino concreto. Quien más se acerca es Mista, que con su hat-trick al Mallorca lleva 17 goles.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 22 de marzo de 2004