La VII Legislatura comienza con promesas de pluralismo y regeneración, de una intensa actividad modernizadora, de una Andalucía de todos y para todos. De hecho, si nos remitimos a la composición de la Mesa es de aplaudir el talante tan dialogante, abierto y plural con el que se ha iniciado esta etapa. Llegan nuevos tiempos para Andalucía, se anuncia desde Madrid un periodo convulso, de grandes cambios y, aquí, corresponde a los de siempre impulsar las bases para una tierra joven, renovada, emprendedora, cohesionada, competitiva, necesaria e indispensable para el Estado y ajena a toda servidumbre.
Andalucía tiene que ser más ambiciosa en sus propuestas y con la posición que aspira a ocupar. Tenemos la suficiente imaginación, capacidad y posibilidades para no avanzar a remolque de otros. Lo primero que se impone en esta nueva etapa histórica es la actualización de nuestra norma básica, el Estatuto de Autonomía.
Ya sé que ha sido anunciada como la prioridad del Ejecutivo andaluz, pero permítanme cierto escepticismo. Que el Estatuto necesita una revisión a fondo es una realidad urgente, pero que tras años revindicándolo los andalucista, Manuel Chaves proponga su reforma en el último momento, justo cuando Cataluña convierte esta demanda en el objetivo de su Gobierno, deja mucho que decir sobre la autonomía andaluza. Toca ser exigentes, establecer un calendario y trabajar desde ya por una Estatuto que contemple mayores cotas de autogobierno, afiance nuestro papel en Europa y en el mundo y profundice en las señas de identidad. No nos vaya a pasar en este caso como con la Policía Autónoma. Cuatro años para desarrollar la ley para su creación y nos quedamos en el proyecto. Una ley que, por cierto, tendría que aprobarse nada más iniciarse el Parlamento. La inseguridad es uno de los principales problemas para los ciudadanos y la falta de efectivos para hacer frente a cuestiones como la violencia de género, la protección del medioambiente o la atención a la inmigración ilegal. Sin embargo, la creación de un Cuerpo de Policía andaluz ha sido continuamente pospuesto.
Luego están las transferencias eternamente pendientes, como las cuencas hidrográficas, incluida la del Guadalquivir. Desde luego, el crecimiento económico y social de Andalucía se verá constreñido mientras no se impulse un reequilibrio territorial en todos los ámbitos: en la gestión propia de su recursos hídricos, en la red de comunicaciones, en las nuevas tecnologías, en la educación, en los medios de comunicación públicos, en la Administración... En definitiva, hay que crear un entorno favorable y atractivo, una Andalucía que permita un flujo de servicios continuo y ágil, de una sola velocidad en la que no todo tenga que hacerse mirando o pasando por Madrid.
Antonio Ortega es secretario general del Partido Andalucista.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de abril de 2004