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IDA Y VUELTA

La 'web' del Percebe

En una web de Internet, www.qdq.com, puede uno encontrar las fotografías de las fachadas de todos los inmuebles de Barcelona, Valencia, Sevilla y Madrid. Basta con saber el nombre de la calle y el número de un inmueble de esas ciudades para que, tras el clic de rigor, en un instante te aparezca la fachada que buscabas, acompañada de un plano de situación. Eso permite todo tipo de visitas indiscretas. Puedes dedicarte a ver en qué estado se encuentra la fachada del inmueble de tus padres o bien (si sabes donde vive) ver cómo es por fuera la casa de Ana Palacio en Madrid y fijarte en la bombona de butano y el cardo que tiene en su terraza. Y si quieres puedes también ver la fachada del inmueble donde vives, e incluso la ventana en la que tienes el ordenador desde el que miras tu inmueble. O bien, por puro morbo, ver la casa en la que vive tu peor enemigo, o enterarte de dónde está la calle en la que esos amigos tan latosos te han invitado a cenar esta noche.

Una frustración recorre la web entera. Y es que en las fotografías de las fachadas salen balcones, contenedores, rótulos de tiendas y alcantarillas, pero no se ve a un solo ser humano caminando por delante del inmueble buscado, y nadie tampoco asomado a una ventana. Puedes pasarte el domingo entero con tus hijos pequeños jugando a ver cómo son las casas adosadas de los simiescos padres de sus amigos del colegio (para ver, por ejemplo, si algunos viven en lugares tan fabulosos como dicen), pero ya verás como no irás más allá de la foto fría del inmueble.

Lo ideal sería que esa web imperfecta fuera como una Rue del Percebe de los tebeos de antaño, y no una rue sin percebes ni seres humanos. Lo ideal sería que fuera una web universal del Percebe y pudiera verse en ella, sin pudor alguno, no sólo lo que le pasa a la humanidad de Sevilla, Barcelona, Madrid y Valencia, sino también a la del resto del mundo. Que pudiéramos ver de verdad qué pasa por ahí, ir más allá de las fachadas, ir piso por piso, tal como sucede en La vida, instrucciones de uso, el libro de Georges Perec, donde este escritor imaginó un edificio al que le habían quitado la fachada, de modo que, desde la planta baja a la buhardilla, todos los aposentos que daban a la calle eran simultáneamente visibles.

Lo ideal sería que, espiando cualquier inmueble, se pusiera de pronto en marcha una historia y pudiéramos saber qué está pasando ahí, en ese cuarto iluminado de la tercera planta, por ejemplo, en ese preciso instante. Pero todo esto, hasta que no haya una web universal del Percebe, tendremos que inventárnoslo, seguir siendo cuentistas si queremos que el tedioso domingo no sea demasiado pelmazo. Una vez más se confirma que no es cierto que una imagen -gran estupidez la de este tópico- valga más que mil palabras, sino todo lo contrario. Y es que las fotografías de fachadas se agotan en sí mismas. Con esas fotografías de inmuebles sin alma, ocurre lo mismo que con la parca información que nos da ese retrato único que circula de Shakespeare y que, como dice Northrop Frye, nos prueba que el dramaturgo existió, pero sólo nos prueba eso, porque, por lo demás, lo que vemos es un hombre con pinta de tontaina. Las fotografías realistas de fachadas se agotan en sí mismas y quien las mira con credulidad puede llegar a convertirse en uno de esos seres que tienen un sentido tan grande de la realidad que son como peces que muerden el cebo y no ven el sedal. Y yo, la verdad, prefiero mirar hacia otro lado y ver así más allá del sedal, inventar, o bien leer a Shakespeare sin prestar atención a su retrato.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de abril de 2004