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El escaso impulso de la política industrial durante la última década pasa factura

La producción de la Comunidad Valenciana se reduce de forma paulatina desde 1997

"No hay mejor política industrial que la que no existe". La consigna atribuida a un ex ministro socialista parece haber guiado a los responsables políticos de la industria valenciana desde hace, al menos, una década. Y desde 1997, ese escaso impulso político se refleja en un paulatino decrecimiento de los índices de producción industrial, cuyas tasas de variación anual entran en número rojos en 2001. El textil y el calzado, y en menor medida el mueble, se repitan mes tras mes entre los que arrastran mayores caídas según datos del Instituto Nacional de Estadística desde hace años.

La estrategia industrial que diseñaron los primeros responsables autonómicos de la materia cuando España negociaba su incorporación a la Unión Europea mantiene su vigencia.

La única receta posible hace 20 años para mantener la competitividad de los sectores tradicionales en la Unión Europea era apostar por "la diferenciación" -calidad y diseño encaminados a generar marca- en detrimento de "la mano de obra barata", recuerda Andrés García Reche, uno de los responsables de Industria bajo el mandato de Joan Lerma.

Los industriales del calzado habían creado años antes un instituto tecnológico donde los pequeños empresarios podían dirigirse para resolver los problemas técnicos que planteaban las directivas europeas a la exportación de sus zapatos.

El modelo se extendió a otros sectores con agilidad para asistir a pequeñas empresas en otros sectores. Los 17 institutos tecnológicos asentados en territorio valenciano conforman la red más densa y diversa de servicios a empresas de toda Europa, salvo alguna región alemana. Seis mil profesionales cualificados están a disposición de los empresarios adscritos para incorporar a su producto valor añadido, diferencia, competitividad.

García Reche comenta que desde el ministro Carlos Solchaga hacia abajo era complicado defender la apuesta por la inversión en tecnología. "Todos los productos característicos de la industria valenciana son de baja demanda", comenta, "se venden siempre, pero nunca registrarán aumentos espectaculares como algunos productos informáticos, por ejemplo". El resultado es que el crecimiento es siempre lento y que los resultados de las inversiones en conocimiento apenas se notan.

El Círculo de Empresarios Vascos, en un amplio informe sobre la política industrial en la Comunidad Valenciana, alaba la red de institutos tecnológicos y su impulso hasta 1995. Los institutos se han convertido en proveedores de servicios para empresas de toda España, algunos han instalado sucursales en otras regiones, y funcionan con desigual fortuna como entidades privadas desde entonces.

Los retos de la globalización comercial son similares a los que entrañaba la incorporación a la Unión Europea, pero a otra escala. Ahora se hace patente que la mano de obra barata está condenada.

Un alto cargo de la última Administración del PP apunta que "sería más eficaz destinar todas las ayudas que reclaman los empresarios textiles a Aitex [el instituto tecnológico del sector] que a subvencionar salarios improductivos".

La misma fuente subraya que la concentración territorial de los sectores productivos favorece la fortaleza de los institutos tecnológicos y su coordinación. Destaca también que su implantación al margen de las organizaciones empresariales y las universidades fue clave para facilitar la transferencia de conocimiento a las pequeñas empresas. Y concluye que hoy cumplen su misión los que actúan como correa de transmisión entre la investigación universitaria y el pequeño empresario, un esfuerzo que ha recaído en las personas responsables de cada instituto ante la falta de impulso político. Un impulso que García Reche cifra en "recursos públicos".

Los resultados a largo plazo nunca han satisfecho a los políticos que aspiran a rentabilizar su gestión en sucesivas convocatorias electorales. La política industrial desarrollada durante los últimos años ha estado volcada en la proyección exterior y la comercialización. Iniciativas loables pero que han quedado empañadas por algún contrato estelar.

El primer Gobierno del PP renunció a un Ministerio de Industria. En paralelo, la Generalitat ha dado bandazos en la adscripción de un área de tecnología que sustituyó a Industria, se trasladó a Presidencia cuando se recuperó la Consejería del ramo, se convirtió en Agencia independiente y, hoy, permanece en el limbo.

La protección del tejido empresarial tradicional, a pesar de su baja demanda, comenta el antiguo alto cargo del PP, es esencial. Pero la asignatura pendiente es "convertir a los fabricantes en empresarios".

Un experto vinculado al sector textil apunta que al encomendar la fabricación a operarios chinos o indios, reducir la actividad doméstica al remate y presentación del producto y renunciar al control de la distribución, muchos empresarios del sector se están convirtiendo en meros "intermediarios".

La posibilidad de controlar la propia red de distribución es una de las asignaturas pendientes de la industria valenciana. Sólo las grandes firmas, muchas de ellas soportadas por empresas medianas, han sido capaces organizar sus propias redes comerciales y tener sedes propias en los países de destino de sus productos.

La paulatina caída de la producción industrial ha ocupado un segundo plano durante años debido a la pujanza de la construcción, un crecimiento que arrastra a muchos otros sectores y parece mantenerse. "El reto es pensar lo que hace falta dentro de 10 años", sugiere el ex alto del PP. Otros no son tan optimistas.

Alarma o prudencia

Los expedientes de regulación de empleo crecieron un 57% en 2003 respecto al año anterior. Las importaciones de calzado superaron las exportaciones por primera vez en la historia durante el año 2003. La confianza empresarial cae puntos y puntos en cada encuesta trimestral que elaboran las cámaras de comercio. Las ventas de azulejos a los países árabes se hunden como resultado de la guerra en Irak.

Los titulares alarmantes se suceden. Algunas percepciones apuntan una crisis de calado. Un empresario ilicitano vinculado al sector del calzado sugiere que sólo la hostelería puede salvar el empleo en la comarca.

Un exportador de cítricos de Castellón recuerda lo complicado que era disponer de carretillas elevadoras para trasladar las naranjas en otras campañas cuando estaban todas copadas por los azulejeros.

Un ingeniero valenciano apunta que los proyectos se congelan o retrasan desde hace más de dos años, cuando Alemania dejó de crecer. Y pone el dedo en la llaga: "Incluso en la construcción".

La apuesta política por el turismo y la construcción entraña complicaciones. Los españoles son los primeros consumidores de azulejos per cápita del mundo, una marca que sostiene el negocio del sector. Pero si la construcción se detiene, los servicios auxiliares vinculados al metal, la madera o el textil también sufrirán el frenazo.

Un destacado dirigente cameral recordaba hace poco que los posibles problemas deben acometerse cuando las cosas van bien. Y mientras los tipos de interés se mantengan bajos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de abril de 2004

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