La UEFA se evaporó hace dos semanas y ayer quedó ya muy maltrecho el sueño de meterse en la pelea por la Liga. El Barça se despidió de Europa sin goles y ayer no logró agujerear la portería de Reina. Toda la ilusión se desvaneció. El sólido Villarreal de Paquito ya frustró en su día al Barça de Van Gaal, al de Rexach y ayer al de Rijkaard. Los azulgrana han dejado de ser ante puerta el Rey Midas y ayer se quedaron, por segundo día consecutivo, a cero. El empate dejó también cierta frustración simbólica porque los azulgrana estaban sólo a un paso de lograr la décima victoria e igualar la racha del mítico equipo de Kubala, el de las Cinco Copas. Desesperado, impaciente y sin recursos, el Barça se quedó estancado y sin la suerte de otros días.
BARCELONA 0- VILLARREAL 0
Barcelona: Víctor Valdés; Reiziger, Márquez (Gabri, m. 23) (Luis Enrique, m. 87), Oleguer, Van Bronckhorst; Xavi, Cocu, Davids; Luis García (Kluivert, m. 71), Saviola y Ronaldinho.
Villarreal: Reina; Martí, Coloccini, Ballesteros, Arruabarrena; Battaglia, Senna (Josico, m. 64); Jose Mari, Riquelme, Roger; y Anderson.
Árbitro: Megía Dávila. Amonestó a Battaglia, Cocu, Jose Mari y Van Bronckhorst.
Camp Nou. 52.103 espectadores.
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Muy pronto se vio. El Barça calcó en la primera parte los problemas que ya sufrió ante la Real, a la que derrotó en el último minuto y de falta, y ante el Celtic, para encontrar el gol. El Villarreal cerró bien los espacios y estranguló los recursos ofensivos del Barça, que se estrelló al intentar entrar por el centro. Luis García salió como una bala por la banda derecha pero nadie llegó a sus centros. Y Saviola y Ronaldinho, los dos motores del equipo, acusaron el bajón físico por sus sendos viajes a Suramérica. Los centrales del Villarreal siempre abortaron el último pase del Barça, que dio síntomas de sufrir de nuevo un distanciamiento con el gol. Hasta la suerte le fue esquiva: Saviola jugó a las apuestas y, a un metro, muy cerca de la línea de gol, envió el balón al palo. El brasileño debió intuir que se repetía la película ante la Real y provocó una falta al borde del área. La envió fuera. Reina, que volvía a su ex estadio, trabajó poco y bien. Metió la mano a un tiro durísimo de Xavi.
Pese a que Gabri y Cocu no le dejaron vivir, Riquelme estuvo más activo moviendo el balón frente a la medular. Pero tampoco tuvo su noche. Fue Jose Mari quien más apretó las tuercas por la banda de Van Bronckhorst. Y Roger el que mejor retrató el peligro: con un chut despejado por Valdés y otro que repelió el palo. Pero, salvo esas dos acciones, el Barça no sufrió excesivos problemas en la zaga, una de las líneas más sólidas del equipo pese a que a diario es zarandeada por las lesiones. No jugaba anoche Puyol, lesionado, y, Márquez, su sustituto, con una elongación muscular, no resistió ni veinte minutos en el campo.
No cambió nada apenas tras el descanso. El Barça continuó sin fluidez, impreciso, como si se hubiera dejado por el camino toda la eficacia demoledora que demostró durante la gran parte de su soberbia racha. Anoche no perdió el empeño pero sólo logró forzar faltas al borde del área. Ronaldinho lanzó hasta cuatro sin éxito. Fue un canto casi a la impotencia porque lo intentó, pero el Villarreal no pasó demasiados apuros en defensa. Coloccini cortó por alto todo lo que le llegó. No sólo eso: el equipo de Paquito dio una vuelta de tuerca y tuvo muy cerca del gol. Riquelme hizo una asistencia preciosa a Anderson, que apenas se había dejado ver hasta entonces. Pero el brasileño es letal cuando aparece. Víctor Valdés, de nuevo impecable, evitó el gol.
Rijkaard recurrió a Kluivert, el hombre que abrió con un gol en Sevilla, el pasado mes de enero, la racha del Barça y que se ha perdido estos dos meses por lesión. El técnico dio muestras de conocer ya la psicología del estadio y retiró a Luis García. Quitar a Saviola por el holandés, recibido entre pitos y aplausos, hubiera provocado un estallido de ira en el estadio. El Camp Nou estaba ya, en cualquier caso, encendido con el árbitro por anteriores cuitas. El colegiado anuló, sin embargo, bien un gol de Van Bronckhorst, tras una jugada de cabezonería de Saviola, que reclamó además manos de Coloccini. El tramo final fue una agónica pelea por lo que pareció imposible. El milagro vivido ante la Real no se repitió y la angustia la encarnó el pibito que acabó con rampa. Luis Enrique tampoco pudo aportar gran cosa y, al final, el Villarreal acabó apretando, con un par de córners que no hicieron más que retratar toda la impotencia del Barça.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de abril de 2004