La BBC no es sólo un tesoro nacional, es también una joya internacional. No sé de otro país en el que sea posible obtener una radio informativa y de debate tan magnífica, programas autorizados, equilibrados, interesantes y entretenidos, desde Today en BBC Radio 4, al despertarse, hasta The World Tonight (El mundo esta noche), al irse a la cama. Por mi experiencia, la radio alemana es la única que se aproxima a la exquisita variedad de música y conversación inteligente de Radio 3. La página web de la BBC es la mejor página informativa del mundo, por encima de todas las demás, llena de vínculos que siempre conducen a una información precisa y de gran calidad. News 24 y BBC World son ya mejores que CNN en muchos aspectos. Hay muy pocos ámbitos en los que el Reino Unido tenga un liderazgo mundial tan claro.
Hay buenos motivos para que casi ocho de cada diez británicos entrevistados en un sondeo confíen en "la radio", y sólo uno de cada diez, en los políticos
La BBC es una de las mejores cosas que tenemos los británicos; tan importante para la defensa de nuestras libertades como los tribunales, por lo menos
Y, en general, la gente confía en la BBC. El prestigioso sondeo del Readers Digest sobre "Marcas que despiertan confianza" pide a ciudadanos de 14 países europeos que clasifiquen una serie de instituciones con arreglo a la confianza que les inspiran. Las respuestas de este año en el Reino Unido son muy curiosas. Los dos primeros puestos los ocupan las fuerzas armadas y la institución del matrimonio, en ese orden.
En tercer lugar, con el 78%, está la radio. Antes que la iglesia, la policía, el servicio de correos, la prensa escrita (sólo el 32%), y no digamos el Gobierno (un mero 19%). En el Reino Unido, cuando hablamos de "la radio", solemos referirnos a la BBC y a todas las virtudes tradicionales asociadas con el legendario Alistair Cooke, que murió hace poco, después de más de medio siglo emitiendo su Carta desde América, con periodicidad semanal. La televisión está un poco por debajo, justo después de la policía, pero muy por encima del Gobierno. En cuanto a los políticos, cuentan con la confianza de menos del 1% de los entrevistados.
A pesar de todo, no hay prácticamente una semana en la que no oigamos a algún político que critica a los presentadores de Today por la forma en la que "los medios" han distorsionado el último episodio en la labor generosa y sin tacha que realizan los responsables de nuestros asuntos públicos. El informe oficial del juez Hutton sobre la muerte del especialista británico en armamento David Kelly ridiculizaba a la BBC debido al error cometido por un reportero en una entrevista emitida en Today. El informe precipitó la dimisión del presidente y el director general de la cadena. Ahora buscan sustitutos.
La BBC no se defendió todo lo bien que habría podido en el caso Kelly-Gilligan. Una periodista de la cadena me ha contado la indignación con la que ella y sus demás colegas femeninas observaron los diez asaltos cargados de testosterona entre el portavoz de Tony Blair, Alistair Campbell, y los chicos de la BBC.
En algún momento, cuanto antes mejor, la cadena tendría que haber dicho: "Perdón, nuestro reportero se pasó con esa información", y el Gobierno tendría que haber respondido: "De acuerdo, aceptamos las disculpas, cualquiera puede cometer un error". Y basta.
Se pueden sacar varias lecciones. Por ejemplo, la BBC podría mejorar su política sobre la emisión o publicación de rectificaciones. Es una cosa que diferencia a los mejores periódicos, como The New York Times y The Guardian, de los demás. Es verdad que resulta un poco más difícil ponerse a leer una rectificación en medio de un programa de radio, aunque, si Today tiene hueco para los correos electrónicos de varios oyentes, ¿por qué no va a tenerlo para las rectificaciones importantes? En cualquier caso, por lo menos, se podrían publicar en la página web.
Confianza popular
No obstante, desde un punto de vista más amplio, éstos no serían más que ajustes marginales en una maquinaria espléndida. Hay buenos motivos para que casi ocho de cada diez británicos entrevistados en ese sondeo confíen en "la radio" y sólo uno de cada diez en los políticos. Tienen razón. El nuevo presidente de la BBC debe poseer la independencia y la seguridad necesarias para defender esa fe, ahora que se aproxima la renovación de la cédula real que le confiere su estatuto, prevista para finales de 2006. Nuestros políticos tienen que dejar de lamentarse, soltar bravuconadas y echar la culpa a la BBC, y, en cambio, deben intentar ganarse un poco más la confianza popular.
Una cuestión distinta, pero relacionada, es si todos los telespectadores británicos deben seguir pagando la licencia anual de televisión (en la actualidad, 121 libras al año, unos 200 euros) para que la BBC emita programas de entretenimiento tan vulgares como Celebrity Sleepover (Invitaciones a famosos) o Garden Invaders (Invasores del jardín), que perfectamente podrían correr a cargo de canales comerciales financiados mediante la publicidad y las suscripciones. El ex directivo de televisión David Elstein ha sugerido que las partes de "servicio público" de la BBC se financien con los impuestos y la parte de entretenimiento la paguen los suscriptores del servicio digital. Es razonable, pero ¿realista? ¿O es tan razonable como haber separado el mantenimiento de las vías férreas británicas de la administración de los trenes que ahora no las recorren más que de forma esporádica?
Si se examina con detalle la constitución de la BBC, se ve que, como en tantas instituciones tradicionales británicas, es verdaderamente extraña. "Considerando", comienza su actual estatuto, "que, en el día vigésimo de diciembre, en el año de nuestro Señor de mil novecientos veintiséis, mediante las cartas registradas bajo el Gran Sello, nuestro predecesor, su Majestad el rey Jorge V, concedió a la Corporación Británica de Radiodifusión (de aquí en adelante denominada "la Corporación") una cédula de constitución", ahora, la reina Isabel II, Dios la bendiga, por su "gracia especial, con certeza y como simple formalidad", ordena a la Corporación "que ofrezca, como servicios públicos, emisiones de sonido y televisión (por medios analógicos o digitales) y suministre programas de información, educación y entretenimiento, de sonido y televisión".
Un programa del siglo XIII
El lenguaje arcaico conjura una imagen de oyentes que mueven los botones de sus arpas analógicas para escuchar el programa Today del 16 de junio de 1215. ("Ayer, en Runnymede, el rey Juan firmó una importante constitución, o Carta Magna. Hablaremos con dos de los barones a las ocho y diez"). Y adviértase que se especifica que tienen que entretenernos, además de educar e informar. Las invitaciones a famosos se emiten por decreto real.
Parece todo un poco de locura, igual que -más en serio- el hecho de que la tarifa de la licencia de televisión la establezca el Gobierno, respecto al que se supone que la BBC debe ser ferozmente independiente. Sin embargo, las razones para la reforma pierden peso cuando se piensa en la extraordinaria capacidad de este Gobierno para armar un lío cada vez que intenta modernizar una institución nacional.
Seguramente es injusto culpar al Gobierno actual del estado de los ferrocarriles británicos, pero han convertido la Cámara de los Lores en una especie de farsa, han arruinado el prestigio de los servicios secretos británicos con el caso de los expedientes de Irak, han puesto en una situación muy complicada a las universidades y ahora la emprenden con el sistema judicial. Aunque el sistema de la cédula y la licencia sea anacrónico, ¿qué motivo tenemos para creer que cualquier alternativa propuesta por este Gobierno vaya a ser mejor?
La BBC es una de las mejores cosas que tenemos los británicos; tan importante para la defensa de nuestras libertades como los tribunales, por lo menos, y todavía más importante para nuestra calidad de vida. Presta un servicio genuino más allá de nuestras fronteras. Por consiguiente, tenemos que defenderla.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de abril de 2004