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Crónica:LA CRÓNICA | NACIONAL

Los nuevos modos de Zapatero

José Luis Rodríguez Zapatero está decidido a que no le pase lo mismo que a Pasqual Maragall a su llegada a la Generalitat. Quiere que su arranque político esté vinculado a una amplia carga social y que nada empañe ese inicio. Desde luego, no quiere que lo empañe el capítulo autonómico, al que da gran importancia, pero al que no quiere ver catapultado como la gran prioridad de su Gobierno. Los primeros grandes debates de su legislatura, como ya dijo a lo largo de la campaña electoral, estarán relacionados, si nada se tuerce, con la situación de la mujer, con el acceso a la vivienda y con la educación, y así se lo ha hecho llegar al presidente de la Generalitat.

Zapatero cree que la composición de su primer Gobierno desmiente a quienes pensaron que no tenía previsto alcanzar una mayoría parlamentaria suficiente y que se ha visto muy forzado por las circunstancias. El hecho de que la mitad del Gabinete proceda del "comité de sabios" que puso en marcha el pasado mes de enero, sobre todo con la incorporación de Pedro Solbes y de Miguel Ángel Moratinos, es la demostración, afirman sus allegados, de que ya tenía organizado el núcleo del Gobierno y que lo había compartido con un grupo pequeño de personas.

José Blanco elaborará la reflexión sobre cómo conectar partido y Gobierno, imprescindible en una organización con una historia tan agitada como la del PSOE

En el Partido Socialista no se oculta, sin embargo, que en el diseño final del Gobierno han influido otras personas. En cualquier caso, parece claro que Zapatero no rodea la formación de sus gobiernos de la espesa liturgia y el secreto con que los rodeaba Aznar y su cuaderno azul. El nuevo presidente se desenvuelve por el momento con otras formas, de una manera más natural, inédita, fijando unas líneas (como el respeto escrupuloso de la paridad) y grandes bloques (como la dirección económica o la representación exterior), pero sin recluirse ni exigir la soledad más absoluta para decidir hasta el menor detalle.

Cerrada la composición del Gobierno, Rodríguez Zapatero parece mucho más ocupado, y preocupado, por la elaboración del discurso de investidura que por la recomposición de los segundos niveles de la Administración. Según algunas de las personas que le rodean estos días, hay pocos nombramientos que considere básicos, entre ellos los de fiscal general del Estado y director general de RTVE, sobre los que dentro de su propio partido ya se han lanzado varios globos sonda.

Todo el mundo coincide, sin embargo, en que, en los dos casos, Zapatero impondrá su voluntad y quiere que las personas que vayan a ocupar transitoriamente esos cargos (a la espera de la modificación de la ley correspondiente) tengan un perfil académico o profesional indiscutible. Más adelante, y según vayan quedando vacantes otros cargos como el de Defensor del Pueblo, reclamará algunas otras decisiones personales, como la incorporación de Carmen Alborch.

"Zapatero quiere que su discurso de investidura suponga un verdadero hito político", asegura un diputado habitualmente próximo al secretario general socialista, "y está trabajando también mucho en la manera de plantear el debate territorial porque comparte la idea de que es necesaria una nueva etapa autonómica, pero no quiere prisas". Según este diputado, el próximo presidente del Gobierno "habla más ahora de estos temas con Manuel Chaves que con el propio Maragall".

Papel del partido

Dentro del PSOE, por su parte, se abren ahora nuevos debates. El primero afecta al papel que debe jugar en esta etapa la organización del partido, algo que resulta de una importancia primordial en un grupo con una historia tan agitada como la del PSOE. José Blanco, el secretario de organización, será la persona encargada de elaborar la reflexión sobre cómo conectar partido y Gobierno (algo sobre lo que llamó la atención desde el primer minuto Felipe González), sobre qué capacidad de iniciativa política puede conservar el partido y sobre su obligación de actuar como canal de explicación, y respaldo, de las políticas gubernamentales.

El segundo debate versará, sin duda, sobre las posibles alianzas políticas que se vayan desarrollando a lo largo de la legislatura, sobre todo cuando coincidan con periodos electorales, y sobre el papel del grupo parlamentario y de sus portavoces a la hora de imponer la decisión última. La continua necesidad de negociar acuerdos parlamentarios da un relieve especial al cargo de Alfredo Pérez Rubalcaba, que deja de ser el mero portavoz del grupo del partido en el Gobierno (algo que tradicionalmente permite pocas brillanteces) para adquirir un protagonismo novedoso en la historia parlamentaria del PSOE.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de abril de 2004

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