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Crítica:POP | David Byrne

Maduro y vigente

Si a cualquier seguidor de Talking Heads le hubieran dicho hace 20 años que David Byrne, el carismático y selecto líder de aquella gloriosa formación neoyorquina de art-rock, iba a tocar en directo en España dos décadas después el tema Si fulano fuese mengano... de Peret, acompañado nada menos que de un sexteto de cuerda, la posible reacción del interpelado muy probablemente hubiera tenido mucho que ver con la carcajada. Sin embargo, este inquieto viajero musical es capaz de desafiar cualquier riesgo musical poniendo cara de póquer, plantándose un elegante traje con chaquetilla de maître y meciéndose con ese vaivén de nuca y esos saltitos toscamente rítmicos que es su manera de bailar.

David Byrne , viernes 2 de abril.

David Byrne (voz y guitarra), Graham Hawthorne (batería), Paul Timothy Frazier (bajo y voces) y Mauro Camilo Refosco (percusión), junto a The Tosca Strings: Stephanie Ames Asbell (viola), James Jan Desautels, Tracy Seeger, y Leigh Ann Mahoney (violines) y Sara Kathryn Nelson y Duoglas Harvey (cellos). Sala Divino Aqualung, 30. Madrid, viernes 2 de abril.

Grown backwards, su último disco, contiene varios de esos retos, de alguno de los cuales, por cierto, no sale Byrne muy bien parado. Por ejemplo, el inicio del concierto con su particular modo de interpretar el aria Un di felice, eterea, de La Traviata, de Verdi. No parece haberle llamado Dios a David por los caminos del canto clásico y sí, sin embargo, por otros más ligeros en los que, de sus propias carencias, hace este artista virtud. Por ejemplo, por el del leve country del tema The man who love beer, que ha tomado prestado al grupo Lambchop. O sus incursiones como crooner con auténtico estilo propio en She only sleeps o en el music hall en la canción The other side of this life, que parece de los humoristas Monty Python. Todas ellas las bordó en directo este sucesor de Bowie, dispuesto a picar de todos los lados para refrescar su música.

Naturalmente, Byrne acudió en la actuación a la herencia de Talking Heads y rescató algunos de sus mejores temas: el suave y andarín Naive melody, el dinámico Life during wartime, el étnico I zimbra, el clásicamente estadounidense Road to nowhere y, por encima de todos, el magistral Once in a lifetime, que marcó, sin lugar a dudas, el momento álgido de la corta historia del grupo. Parapetado tras su elegancia y su seriedad circunspecta -su amigo Pablo Carbonell aclara que no es más que timidez-, Byrne dejó muy buen sabor de boca con esta actuación en solitario, prueba de su madurez y su vigencia como artista e intérprete en directo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de abril de 2004