Lleva dando vueltas sobre Bach desde los años sesenta. Se ha perdido en su laberinto y no quiere buscar la salida. Mejor, porque así, sir John Eliot Gardiner seguirá gozando con la flexibilidad del músico alemán y dando exhibiciones como la que ayer hizo en Cuenca con la Misa en si menor, que hoy repite en Murcia y el martes en Zaragoza. "Todas las veces que la hemos hecho ha sido diferente desde que empezamos a hacerla en Amsterdam hace pocas semanas. La flexibilidad y la libertad que encontramos en Bach son la prueba de su grandeza", asegura.
Es alto, fornido, tiene ojos rasgados y pequeños y disfruta hablando. Gardiner es un referente en Bach y en el repertorio barroco. Su inquietud le hace combativo sin tregua y su amor por la música le ha convertido en creyente sin certezas absolutas. "Creo más en Dios por la música que por convencimiento o por predicamento", asegura. "Voy a la iglesia de vez en cuando, pero es la música la que ha reforzado mi sentimiento religioso. Es así", dice.
Parece un gentleman contemporáneo con su gesto amable pero distante y sus vaqueros marrones. Estudió en Cambridge y compagina su curiosidad insaciable por la cultura española antigua con una labor de músico emprendedor, que ya en 1964 formó su Coro Monteverdi -con el que hace esta gira por España, que comenzó en Oviedo el jueves-, su famosa Orquesta Revolucionaria y Romántica, cuyo nombre da prueba de cierto carácter belicoso, y sus English Baroque Soloist, que son los que actúan estos días en España. Con ellos busca profundidad y entretenimiento, espectacularidad e intimismo, verdad en sus constantes variaciones: "Intentamos no repetirnos, creo que la Misa no ha salido nunca igual desde que empezamos a hacerla en Amsterdam hace pocas semanas. Cambiamos todos los días los solistas y disfrutamos de la libertad. Tenemos un auténtico convencimiento de que el trabajo en grupo es la clave, pero partiendo de que cada uno actúa con interdependencia". Es su método, el que le ha granjeado seriedad y frescura, altura y disfrute de los momentos más sencillos. Y esta Misa de Bach es un buen ejemplo para que despliegue su estilo de matices: "Es una obra espectacular, pero también íntima y delicada, con pasajes de gloria y momentos que parecen dúos de óperas de amor". Una síntesis de todo el pensamiento musical de Bach, para Gardiner: "La empezó hacia 1714 y la estuvo escribiendo durante años. No se la tomó como las cantatas, que eran obras de encargo que debía entregar cada semana, compuso la Misa para reflejar todo su pensamiento musical, muchos de los estilos en los que creyó toda su vida. Resulta una suma, una enciclopedia en la que hay restos de formas antiguas y celebración del rococó", dice el músico. Un lujo para la posteridad. "En ella está el Bach que huye de la burocracia y las luchas teológicas, el Bach que busca la creatividad y las nuevas tendencias de su época, las que encontró en Dresde, adonde llegó harto de la vida aburrida y llena de ataduras de Leipzig", cuenta Gardiner.
Sigue desconfiando de Tony Blair, algo que ya dejó claro en su visita a España previa a la guerra de Irak. "Blair y los Bushes, padre e hijo, han sido nefastos. Fanáticos y mentirosos". Ya en marzo de 2003 se mataba con la razón, como experto en la cultura antigua española, que había llevado a Aznar a entrar en esa alianza. "Con él fuera del Gobierno, ahora mi mujer y yo tenemos una disputa sobre quién es el peor gobernante de Europa. Yo digo que Blair, pero ella cree que es Berlusconi...".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de abril de 2004