El señor Alberto Ruiz-Gallardón debe creer que las prostitutas son tontas, les ofrece repatriarlas "gratis", al parecer sus proxenetas pagarán el billete de vuelta, a lo mejor es que ellas van a ir en primera clase del avión y sus proxenetas en clase turista... tonterías las precisas.
Muchas de estas mujeres están ahí porque tienen que pagar los gastos más los intereses, de un dinero que no tenían y que amablemente les prestaron para poder venir a España con el señuelo de que atamos los perros con longaniza, después la realidad se impuso y es mucho más negra de lo que nunca hubieran imaginado.
Repatriar a los proxenetas es una tontería. El dinero que recaudan no es para ellos, sino para las redes de trata de mujeres que las traen; pueden repatriar a los que hay ahora, pero nada costará reemplazarlos, y llegado el caso ponerlos españoles.
Ésta es una operación hipócrita y falsa, lo que sí pasará es que muchas de las inmigrantes sin papeles, que ejercen un trabajo mejor visto por la sociedad, que son muy necesarias, asistentas, niñeras o cuidadoras de ancianos, y que corren el peligro de que en un determinado momento les pidan los papeles y las repatríen "gratis", se metan a prostitutas, porque a éstas no las van a repatriar. Pura hipocresía.
La prostitución es el oficio más antiguo del mundo ya que aparece hasta en la Sagrada Biblia; y las medidas que el alcalde y sus concejales toman con el acoso a prostitutas y clientes, sólo es un poco de maquillaje, será quitar el problema de un lado para trasladarlo a otro, caso de las prostitutas en la Casa de Campo, ¿dónde se irán, a quién le tocará la china?
Puesto que la prostitución es imposible de erradicar, deberían crear un barrio rojo como en Amsterdam; que sea considerado un trabajo, que sean controladas sanitariamente y que paguen sus impuestos, es la mejor de las soluciones. El dinero no entiende de política, religión o sexualidad. Y puesto que la Constitución protege a todas estas mujeres, a iguales derechos, iguales obligaciones, lo demás pura hipocresía.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de abril de 2004