Las guerras posmodernas se ganan y se pierden por televisión. Resulta difícil creer que el abominable linchamiento de Faluya ilustre un movimiento de masas espontáneo. La huella de una producción Sadam / Bin Laden Incorporated se puede reconocer fácilmente. El espectáculo está montado y es mostrado como un remake de Mogadiscio en 1993; cualquiera diría que los figurantes iraquíes vieron antes la excelente película de Ridley Scott Blackhawk derribado. La carnicería de Somalia, con la visión de los marines mutilados como apoyo, provocó la retirada precipitada de Estados Unidos. Los horrores del 31 de marzo, al igual que los del 11 de marzo en Madrid, marcan una campaña electoral a escala mundial: cuanta más sangre, mejores resultados. Los españoles hablan de darse por vencidos. Todos los medios son buenos, todos los golpes están permitidos; los asesinos quieren sumir en el pánico a los occidentales a la somalí, atacando en los cinco continentes, en cualquier parte y en cualquier momento.
Las guerras posmodernas se ganan y se pierden por televisión
El nombramiento de 'Míster Terrorismo' en Bruselas disimula mal la falta de ideas
Europa o, más exactamente, la Unión Europea, no acude hoy a su cita con la historia. Europa o, más exactamente, dos generaciones timoratas e hipócritas, pero cuán pretenciosas, anuncia su renuncia frente al desafío del terrorismo planetario. No hay nada más ridículo e inoportuno que las decisiones efectistas que han seguido a la masacre de Madrid. El nombramiento de un oscuro "Míster Terrorismo" en Bruselas disimula mal la falta de ideas y de estrategia. El invento de un gabinete fantasma de cinco miembros no convence mucho más, al reunir a los que desde hace dos años se cubren de insultos, desde el caniche Blair al gusanillo Chirac... El destino golpea dos veces: septiembre de 2001, el atentado terrorista cuantitativamente mayor en la memoria del hombre; marzo de 2004, el atentado cualitativamente más eficaz en la memoria de la democracia. Lo propio del terrorismo es aterrorizar, aseguraba Lenin, experto en la materia. Desde las sangrientas plusmarcas de Atocha, ya nadie le sacará de la cabeza a los dinamiteros diseminados por las cuatro esquinas del globo la idea de que son más fuertes que el sufragio universal. Unos cuantos vagones repletos de habitantes del extrarradio que saltan en pedazos y ya está, tres días después, el resultado de las elecciones se invierte, contradiciendo las encuestas. Por muy puntual y perfectamente legal que sea el resultado de los comicios, sean cuales sean las críticas justas o injustas que se lanzan vencedores y perdedores, ¡intenten convencer a quienes colocan bombas de que no tienen nada que ver! ¡Intenten convencerse de que, impresionados por su chantaje, no lo volverán a hacer! Reunidos en cónclave, nuestros prestigiosos responsables europeos dieron la espalda al desdichado Aznar y, mirándose unos a otros, se preguntaban cuál sería el próximo en la lista negra: Berlusconi, Blair o Bush, sueñan nuestros valientes líderes del "bando de la paz". No perdéis nada por esperar, contestan los condenados a Chirac y Schrö-der. Encendieron un cirio a san Europol, canonizaron a Eurojus, acosaron a los policías, a los servicios secretos y a los magistrados para que dejasen de mirarse de hito en hito y decidieron ridículamente poner en práctica las decisiones tomadas en 2001 y aparcadas desde entonces.
Habitantes del extrarradio de las metrópolis europeas, usuarios de los vulnerables transportes colectivos, perdonad por adelantado a aquellos que os gobiernan. ¿Cómo imaginar que unos líderes tan divididos pueden colaborar seriamente? Ya dentro de cada país, la rivalidad entre los distintos aparatos paraliza: la CIA contra el FBI en Washington, la tradicional guerra entre los servicios de policía en París, conflictos entre länder en los que Berlín apenas interviene. Las luchas entre partidos, normales en buena democracia, se acompañan a menudo, y por desgracia, de trampas entre servicios secretos. Si ninguna inteligencia estratégica del peligro común logra reunir las energías, la inevitable y habitual torpeza en los movimientos bloquea cualquier acción. ¿Se imaginan a Blair y Chirac compartiendo los secretos más secretos de estos organismos en la sombra que cada Estado cubre y mima como el emblema de su seguridad y su soberanía? El que el Intelligence Service revele gratuitamente sus misterios a la DST (Dirección de Vigilancia del Territorio), y a la inversa, no es algo que vaya a pasar mañana.
¿Qué puede haber más natural que querer vivir en un estado de ingravidez, apartado de los conflictos que devastan al planeta? Tras el horror de Manhattan, una vez pasada la primera compasión, la mayoría de los europeos se refugió en su continente-residencia secundaria: la desgracia de los yanquis se debe a la arrogancia y al imperialismo yanqui. Ellos son ellos, nosotros somos nosotros. El mismo movimiento de distanciamiento se ha producido tras las atrocidades de Madrid: las bombas van dirigidas contra Aznar, ¡deshagámonos rápidamente del malvado! Contra el terrorismo, el pacifismo europeo prepara unas armas mágicas, exorciza a los presuntos promotores de la guerra, desempolva unas encantadoras banderas arco iris, ruega "Make Tea Not War" ["Haz el té, no la guerra"]. Aunque, sin ninguna vergüenza, mimen a Putin abandonando a los chechenos a una muerte programada.
Mientras que las almas bondadosas enarbolan tiernas pancartas que llevan escrito "Peace", los autores del linchamiento de Faluya terminan su fiesta a golpes de azada sobre los cuerpos incendiados. Los europeos entran en guerra contra el terrorismo con algunos trenes de retraso. Los españoles esperan comprar su tranquilidad retirando a sus soldados de Irak, los franceses cultivan la amistad de los déspotas árabes y el comisario Prodi apuesta por los créditos, las ayudas y las subvenciones para erradicar esta plaga. Con la discreta esperanza de que una Europa "vaca lechera" dejará de ser el objetivo de unos chantajistas preocupados por sus intereses. ¡Veremos! La lección de la zona cero madrileña parece indicar más bien que pasar a la acción compensa y que, cuanto más se bombardea la gallina de los huevos de oro, más pone.
André Glucksmann es filósofo francés. Traducción de News Clips.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de abril de 2004