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Los farmacéuticos vizcaínos erradican 1.200 'productos milagro'

Solicitan a las autoridades sanitarias que agilicen los controles e ilegalicen su venta

El Colegio de Farmacéuticos de Vizcaya ha conseguido eliminar desde 1990 cerca de 1.200 productos milagro, aquellos que, por ejemplo, prometen adelgazar sin esfuerzo o eliminar los ronquidos y después se demuestra que son un absoluto fraude. En estos años se ha convertido en una referencia nacional en la guerra contra este tipo de productos. Una vez que ha conseguido eliminarlos de sus establecimientos, su preocupación se centra ahora en alertar y combatir las nuevas fórmulas de comercialización a través de Internet y la venta por correo.

El 80% de los españoles ha reconocido que en algún momento ha usado productos milagro para adelgazar - invierten 60 euros mensuales-, según datos del Consejo de Farmacéuticos de España. Este porcentaje da una idea de la magnitud del problema, contra el que lucha desde hace tiempo el Colegio de Farmacéuticos de Vizcaya. Su presidente, Antonio del Barrio, lo justifica así: las farmacias son establecimientos reconocidos como lugares donde lo que se dispensa tiene "un grado de calidad, control sanitario y eficacia". Lo que pasa es que algunas empresas han pretendido utilizar desde principios de los 90 este prestigio para introducir productos fraudulentos y que no cumplen lo prometido.

"Las leyes y la concienciación de la administración son más lentas que la realidad", indica del Barrio, quien recuerda que hace quince años y, ante la avalancha de los productos milagro, los farmacéuticos vizcaínos constituyeron una comisión para concienciar a los profesionales y al resto de la población. Aquella iniciativa cuajó y hoy esa comisión está reconocida como la punta de lanza de la lucha contra los productos milagro en España. Por ejemplo, el pasado 12 de agosto mandó una nota urgente al Ministerio de Sanidad con las referencias del producto Moderalco, que modificaba la función hepática. Sanidad ordenó su retirada del mercado. "Al principio", explica del Barrio, "era una lucha en solitario. Veíamos que muchos productos incluso eran ilegales, incumplían burdamente las normas. Dábamos traslado a la administración y se retiraban del mercado".

Pero esas empresas fraudulentas empezaron a ser más sutiles en el fondo y en la forma de introducir sus artículos, bordeando la legalidad. En ese momento, el Colegio de Farmacéuticos de Vizcaya decidió dar un paso adelante y además de notificar lo que era ilegal, impartió doctrina sobre lo negativo que era que esos productos estuvieran en las farmacias, aunque fueran legales. Entre otros factores, para tomar esta decisión y filtrar los artículos, estaban la promesa de efectos que son imposibles de conseguir y el que las asociaciones de consumidores denunciaran que se daban casos de ciudadanos que abandonaban los tratamientos médicos a favor de estos productos.

Del Barrio resalta que los 1.200 productos que se han erradicado de las farmacias vizcaínas lo ha sido tras un estudio de sus características. Ahora buscan otros canales para acceder al mercado. Para evitar esta penetración, el celo profesional y las campañas de concienciación social son transcendentales. "Los consumidores de Vizcaya han adquirido un nivel alto de educación, preguntan en las farmacias y se dejan aconsejar".

Concienciación

El ejemplo ha cundido también en Álava y Guipúzcoa, donde ha crecido el nivel de concienciación. "Esos productos no sólo no ayudan, sino que incluso pueden tener efectos negativos porque el paciente abandona el tratamiento médico o porque contienen sustancias dañinas para el organismo", advierte Del Barrio. "Si de repente alguien da una solución mágica, las propias instituciones la harían suya y el producto entraría en el canal oficial porque, entre otras cosas, ahorraría dinero y sería sanitariamente válido", razona. Sin embargo, se trata de productos cuya eficacia científica no está demostrada, tienen efectos curativos no comprobados, guardan una mala relación calidad-precio y se están dirigiendo a través de la venta directa bien por correo o por Internet, algo que ahora es mucho más complicado de controlar. Por eso, el presidente de los farmacéuticos vizcaínos reclama que se legisle de forma más estricta para evitar que el consumidor sea engañado y que se le eduque. La iniciativa vizcaína es aplaudida desde el Departamento de Sanidad del Gobierno vasco. Su director de Farmacia, Gonzalo Trincado afirma: "Los farmacéuticos están haciendo una gran labor concienciando a la población del fraude que suponen algunos artículos y que incluso pueden dañar la salud".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de abril de 2004