Europa quiere crecer más y los analistas dicen que la mitad del crecimiento económico es imputable a la investigación. Esa ecuación la han resuelto los líderes de la UE comprometiéndose a inyectar cantidades ingentes de dinero en este capítulo. Bruselas se prepara para duplicar su inversión y los socios de la Unión se han comprometido a desembolsar más de 100.000 millones de euros adicionales cada año. El objetivo de disputarle a Estados Unidos y a Japón el liderazgo económico mundial pasa por mimar la ciencia. La fuga de cerebros tendría sus días contados.
Cuando Irlanda entró en la UE, en 1973, su PIB por habitante era el 63% de la media comunitaria; uno de los países más pobres del club. Ahora, su PIB per cápita es el 122% de la media; el segundo país más rico sólo superado por Luxemburgo. Ha dejado de ser tierra de emigrantes para convertirse en país de acogida. Disfruta del pleno empleo y, como aún necesita mano de obra cualificada, es el único de los Quince que abrirá desde el primer día su mercado laboral a los trabajadores de los 10 países del Este que se incorporan a la UE el 1 de mayo.
El secreto del llamado 'milagro irlandés' es su apuesta por la educación y la innovación
La UE quiere convertirse en 2010 en la zona más competitiva del mundo
Uno de los secretos del llamado milagro irlandés ha sido su apuesta por la educación y la innovación. Aprovechó su ventaja de dominar el inglés para atraer a la alta tecnología (industria farmacéutica y del software, principalmente). Se le critica haber sacrificado en ello su independencia (con respecto a Estados Unidos) y un mejor modelo social, pero lo cierto es que Irlanda muestra ventajas indiscutibles. Los fondos europeos han jugado un papel crucial en su desarrollo porque renunció al hormigón a favor, por ejemplo, de infraestructuras de investigación.
Irlanda es uno de los ejemplos más ilustrativos de los beneficios de invertir en I+D+I (investigación, desarrollo e innovación). Un informe de la Comisión Europea todavía no publicado asegura que la creación de un puesto de investigador genera a la larga entre 100 y 400 empleos directos o indirectos. El cuadro adjunto en esta página demuestra una relación directa entre el número de publicaciones científicas (indicador científico importante) y la tasa de empleo.
Así que no es extraño que, dado que la UE quiere convertirse en 2010 en la zona más competitiva del mundo y disfrutar para entonces del pleno empleo, haya optado por decidirse a mimar la investigación. En marzo de 2002, los líderes se fijaron alcanzar para 2010 una inversión del 3% del PIB, es decir, un punto porcentual más (ahora es del 1,99%), que a fecha de hoy supondría una inyección adicional anual de 99.528 millones de euros, una cantidad muy próxima a la que separa a Europa de Estados Unidos en inversión anual en I+D (130.000 millones).
Sería una revolución. Europa disfruta de un exceso de talentos sin empleo; máxime cuando la UE se amplíe hacia el Este, donde los niveles de educación y preparación son en muchas ocasiones más altos que los de algunos países de la Europa occidental (si bien su PIB per cápita es el 47% de la media comunitaria). El número de diplomados en ciencias es mayor en Europa que en Estados Unidos y Japón, pero aquí los investigadores tienen muchas menos opciones. Mientras en la UE hay seis investigadores por cada mil habitantes, en Estados Unidos hay ocho, y en Japón, nueve.
Si los políticos cumplen sus promesas y la iniciativa privada les secunda, Europa necesitaría contratar a 700.000 nuevos investigadores. Es la cifra que el pasado viernes aportó en Bruselas un grupo de expertos formado para identificar las carencias en este terreno.
La Comisión Europea ya se está preparando para abrazar las nuevas directrices económicas. El corazón presupuestario tradicional de la UE, la Agricultura, que ha venido gestionando casi la mitad de todo el presupuesto comunitario (48.000 millones este año sólo para la política agrícola), pierde fuelle a favor del trío I+D+I. En la propuesta de las nuevas perspectivas financieras, Bruselas propone un importante trasvase de fondos para "competitividad", que incluye mercado interior, política empresarial, empleo, nuevas tecnologías y, por supuesto, investigación. El presupuesto agrícola quedará para entonces reducido a poco más de la cuarta parte del presupuesto global de la Unión Europea.
En la actualidad, el Programa Marco de Investigación cuenta con 17.500 millones de euros para cuatro años. Bruselas propone duplicarlo en el próximo cuatrienio (2007-2010). Seguirá siendo una aportación menor a la ciencia en términos cuantitativos (sólo las ayudas al cereal se llevan ahora ese dinero cada año), pero en Bruselas se destaca su efecto multiplicador. "El hecho de que la Comisión obligue a formar equipos de varios países para poder subvencionar los proyectos es una valor añadido europeo que los americanos empiezan a copiar porque da muy buenos resultados", explica Octavi Quintana, director de la investigación en genómica, uno de los capítulos más innovadores del Programa Marco, de la Comisión Europea.
En efecto, la investigación requiere cada vez más de la colaboración transnacional (el reactor de fusión nuclear ITER, un proyecto que se afronta a escala mundial, es un buen ejemplo), y en ello Europa ya tiene, al menos, tradición. Las plataformas tecnológicas, con la concurrencia de todos los sectores, ya sean públicos o privados, es otra fórmula a impulsar. Uno de los problemas de la UE es la menor inversión privada en I+D. En Estados Unidos supone casi el 70% del total de la inversión; en la UE, sólo el 56,3%.
Otra fórmula que se quiere ensayar es la de apoyar a los centros o investigadores de excelencia simplemente por su alto nivel de calidad. Ahora, Bruselas sólo puede financiar con dinero europeo los proyectos marcados desde la Comisión, y siempre y cuando participen más de un país. El comisario europeo de Investigación, Philippe Busquin, considera esencial apostar por la excelencia científica para ser competitivos.
Pero la gran desventaja de Europa no es sólo su peor posición de partida. El crecimiento económico se ha frenado (0,7% el año pasado en la UE) y los políticos siguen haciendo brindis al sol. La inversión en I+D en la UE representaba en el año 2000 el 1,95% del PIB y sólo se ha elevado unas centésimas cuatro años más tarde. A este ritmo, como advirtió en la pasada cumbre europea de marzo el presidente de la Comisión, Romano Prodi, Europa ya puede dar por perdida la batalla frente a Estados Unidos y Japón para 2010. Sólo ímpetus como el que ahora promete el nuevo Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero de duplicar en cuatro años su inversión en I+D pueden convertir la promesa europea en realidad.
España, candidata a liderar el ejemplo
El programa electoral de José Luis Rodríguez Zapatero recoge la promesa de duplicar la inversión en I+D en los próximos cuatro años, elevándolo en un 25% anual. De cumplirla, España se situaría a la cabeza en crecimiento en este capítulo no sólo dentro de la UE, también en la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, formada por 30 países). Los últimos datos comparativos sitúan en cabeza a Grecia, con un crecimiento anual del 16,7%.
Para que el programa de Zapatero tenga verdadero efecto necesita que la iniciativa privada, que supone casi la mitad de la inversión en I+D, le secunde. Cuenta con la ventaja de que los gobiernos del PP han duplicado en tres años los incentivos fiscales para que las empresas inviertan en investigación. La desventaja es que no ha habido un esfuerzo público equiparable, de modo que el nivel español de gasto en I+D se sitúa en el 0,96% del PIB, el tercero más modesto de la UE, sólo por encima del griego y el portugués.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de abril de 2004