Me ha gustado el artículo de Antonio Estella en el que duda de la supuesta gran importancia de los votos en el Consejo de la Unión Europea. Tiene mucha razón. El victimismo provinciano es una enfermedad política que afecta a los nacionalistas (o más exactamente a los malos nacionalistas, que los hay buenos), da igual a qué escala o nivel se muevan.
Eso les condecora con un talante depresivo. Y muchos psiquiatras lo primero que se plantean ante una depresión es su origen: si es exógeno (han asesinado a tu hermano) o endógeno (busca en ti mismo y en tus comportamientos las causas de tu depresión). Por eso me ha gustado el análisis, porque hay algunos protestones profesionales que siempre le están echando a alguien las culpas de lo mal que les va: son políticos que acaban siendo víctimas, no de la vieja Europa o de Madrid, sino de su falta de visión y de capacidad de negociar y construir.
La obsesión por cómo bloquear decisiones refleja un talante defensivo cuyo contagio sería la peor epidemia para Europa. ¿No será que para moverse bien en Europa uno tiene que haber pasado por la Ilustración? Hablar un poquito de francés, inglés y/o alemán, aunque sólo sea en la intimidad... y poner manos a la obra europea. Ésa podría ser la mayor fuerza de España, y usando esos "recursos endógenos" también se consigue la mejor posición para nuestros pescadores, agricultores, etcétera.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 8 de abril de 2004