Acostumbra a definir la NBA en tono despectivo: "No me gusta. Allí dos tiran y los demás miran". Quizá por ello, Elmer Bennett (Illinois, 1970) hizo de Europa su patria deportiva, no sin antes probar suerte, es un decir, en la máxima competición del baloncesto mundial. Pese a ser elegido en el 92 por los Hawks -salió el 38 en la segunda ronda del draft- no debutó en la NBA hasta el 95. Y no lo hizo en Atlanta, sino en Cleveland, equipo por el que firmó dos contratos consecutivos de 10 días tras ser rechazado por Portland. Cuatro partidos jugó con los Cavaliers, antes de hacer su primera visita a Europa. A Pesaro se fue, a terminar la temporada en el Scavolini. De regreso a la NBA jugó en Filadelfia, San Antonio, Houston y Denver. En resumen, en tres años en el baloncesto estadounidense, en el que tuvo relación con un total de seis equipos, sólo disputó 21 partidos. No, a Bennett no le gusta la NBA.
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Pero se cruzó el Tau en su camino y dejó de ser Bennett para convertirse en Benito, el nombre con el que le adoptó la afición de Vitoria con el fin de rendirle pleitesía de un modo más próximo. Llegó allí Bennet en octubre del 97 y con él al mando el Baskonia vivió la mejor etapa de su vida. Ganó la Copa en el 99, fue subcampeón de la Euroliga en 2001 y alcanzó el doblete un año más tarde. Y a título individual se convirtió en una máquina de regalar canastas. Fue el mejor asistente de la Liga ACB cuatro temporadas consecutivas. Una grave lesión frenó su trayectoria, recuperado de la cual encontró cobijo en un Madrid que quería edificar sobre él un equipo de cierto fuste. "Quiero volver a ganar títulos", dijo al aterrizar en Concha Espina. Y hoy, bajo su dirección en la cancha, el equipo está cuarto en la Liga y disputa su primera final europea en siete años.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 13 de abril de 2004