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OPINIÓN DEL LECTOR

No aficionado pero indignado

No soy aficionado a los toros, pero estoy tremendamente indignado con la nueva política que criminaliza el mundo del toreo. No alcanzo a comprender cómo una ciudad promotora del Fòrum pretende anular un legado cultural admirado en todo el mundo. La declaración de Barcelona como ciudad antitaurina poco tiene que ver con el sufrimiento de los animales, pues también se deberían pronunciar en contra de las matanzas de cerdos, del cautiverio de perros y gatos en diminutas jaulas para ser vendidos, prohibir el consumo de foie o cerrar las granjas de pollos y conejos.

Además, una política contra el sufrimiento del toro de lidia -que, hasta salir al ruedo, goza de privilegios como pocos vacunos- puede provocar su extinción.

La posición de antitaurino no obedece al respeto máximo que quieren los barceloneses hacia los animales, sino más bien a un perjuicio antifranquista, asociando los toros al antiguo régimen como consecuencia de la promoción de la fiesta nacional durante la dictadura. Si es así, creo que es momento de demostrar que política progresista significa el respeto de las diferencias culturales y la aceptación de conductas distintas para seguir apostando por una Cataluña multicultural.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 14 de abril de 2004