"Poca fortuna crítica" o "haber permanecido fiel al dadaísmo" cuando el surrealismo era el movimiento artístico en alza son algunas de las razones que dieron ayer Josep Casamartina y Pablo Jiménez Burillo, comisarios de la antológica Serge Charchoune (1889-1975). Entre Dadá y la abstracción, para explicar lo poco que se conoce la obra de quien pintó y expuso "los primeros cuadros abstractos de la historia del arte de España". La muestra, que se presentó ayer en Madrid en la Fundación Cultural Mapfre Vida (avenida del General Perón, 40), se podrá ver hasta el próximo 6 de junio, reúne 120 obras del artista ruso y es la antológica más completa desde la exposición realizada en 1971 por el Museo de Arte Moderno de París.
"Ofrecer al ojo un lenguaje universal que pudiera transmitirse directamente era una de las preocupaciones fundamentales de Charchoune", destacó el crítico francés Pascal Rousseau, presente en la apertura. A esta "obsesión" se sumaba una marcada atención por los adelantos tecnológicos: "En 1917 ya pensaba en la posibilidad de hacer una película con imágenes abstractas, cosa que habla de su espíritu de experimentación permanente", subrayó Rousseau.
Nacido en Buguruslán, Rusia, en 1889, Charchoune fue uno de los artistas que se refugiaron en Barcelona durante la I Guerra Mundial. Para entonces ya había tomado contacto con la vanguardia rusa y, en París, con los círculos cubistas. "Es un pintor muy importante para el arte español", señaló Jiménez Burillo, "porque marca un momento muy brillante y demuestra que la vanguardia internacional, con artistas como él mismo y Francis Picabia, se fraguó aquí". En Barcelona, Charchoune pintó obras como Paisaje sentimental (1915), que abre la exhibición.
Lienzos, dibujos, documentos, libros y grabados, procedentes de colecciones privadas y de distintos museos europeos, componen una "muestra bastante completa" de la obra de Charchoune, a quien Jiménez Burillo define como "un pintor exquisito". Se incluye "obra que casi no se ha visto", destacó, "como dos lienzos que pertenecieron a Tristan Tzara", amigo de Charchoune. "La calidad de su pintura ha resistido el paso del tiempo", agregó Casamartina.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 14 de abril de 2004