Dos días de enorme éxito y a sala repleta han deparado en Madrid la gloria para la formación del pelado Gustavo Cordera, un experto en la lucha musical cuerpo a cuerpo que se faja como nadie contra todas las crisis: la global, la de la música, las de su propio país... Con el loable pretexto de la presentación de dos nuevos discos en un mismo año -La argentinidad al palo (Se es) y La argentinidad al palo (Lo que se es)-, que en Europa salen resumidos en uno, los de Cordera ofrecieron una brillante actuación en la que sólo la escasez de volumen impidió apreciar en su totalidad las ácidas letras de este colectivo numeroso en el que se cruzan el tango, las murgas de carnaval y hasta un cierto toque Frank Zappa en la asimetría de las melodías y las construcciones musicales. Ante ellos, una nutrida representación de la colonia argentina afincada en la capital de España pegaba botes y se dejaba las cuerdas vocales coreando todas y cada una de las canciones escritas por este cantante y compositor de Lanus en una suerte de manifestación de insurgencia expresada con pasión futbolera, que es como los argentinos suelen vivir el rock en directo, ya sea herencia directa de los Rolling Stones o no.
Bersuit
Gustavo Cordera (voz), Tito Verenzuela y Oscar Righi (guitarras), Juan Carlos Subira (teclados), Pepe Céspedes (bajo) y Carlos Martín (batería). Sala Arena. Madrid, 12 y 13 de abril.
La banda, que se dejó abandonados los pijamas de clínica mental en algún rincón de un corralito, plantearon en sus nuevas canciones una visión lúcida de la quintaesencia del argentino, filosofando acerca de los tópicos y la idiosincrasia de un modo de ser y recurriendo a lo poético para no dejarse llevar por la melancolía en temas como La soledad o en una maravilla de canción que se llama Convalescencia en Valencia.
Pero estos héroes de gran guiñol también repartieron la cera acostumbrada y con nombres y apellidos a los responsables de la miseria y la desigualdad en su país. Mucha guerra y muy bien dada la de estos lenguaraces Bersuit que siguen sin callar ni debajo del agua.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 14 de abril de 2004