Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
CARTAS AL DIRECTOR

Identificaciones difíciles

Leo en el EL PAÍS del jueves 8 de abril las siguientes declaraciones de las personas que denunciaron movimientos sospechosos en la casa de Chinchón que ocuparon los autores de los atentados del 11 de marzo: "Cuando vimos las fotos de los implicados en el atentado creímos reconocer su cara. Pero no le dimos importancia porque sus rasgos nos confunden. Una cara nos parece igual a otra". Y me acuerdo de Ahmed Tommouhi y de Abderrazak Mounib, condenados a cientos de años de cárcel por unas violaciones, ocurridas en Barcelona y Tarragona en el año 1991, que no cometieron. La única prueba en su contra fue la identificación, por parte de las víctimas, identificación realizada, en alguno de los casos, de forma irregular. Tommouhi lleva doce años en la cárcel de Can Brians por el delito de parecerse al verdadero culpable, detenido años después, cuando Tommouhi ya había sido condenado. Y el que se confirmó como autor de, por lo menos, una de las violaciones, gracias a unos restos de ADN que se habían conservado, es gitano y, ya se sabe, moros, gitanos, gente extraña, se parecen tanto que sus rasgos nos confunden, unos nos parecen iguales a otros.

Y eso pudo ocurrirles, tanto a las víctimas que los reconocieron como autores de las violaciones de 1991 como a las que los identificaron como responsables de una nueva oleada de violaciones ocurridas en la misma zona en el año 1995. Pero, ¿por suerte?, esta vez estaban en la cárcel y no habían tenido ningún permiso, por lo que era totalmente imposible que fueran ellos. Ante las dudas razonables sobre su culpabilidad, en el año 1999, el fiscal de Cataluña, José María Mena, solicitó su indulto, solicitud que, hasta la fecha, no ha tenido respuesta por parte del Gobierno saliente. Espero, y exijo, que el nuevo Gobierno resuelva, cuanto antes, este caso sobre el que también se espera sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo.

¿Y qué fue de Abderrazak Mounib? ¡Ah!, Mounib murió en la cárcel, a los 48 años, después de protagonizar seis huelgas de hambre reivindicando su inocencia. Para él, el trágico error de su condena se convirtió en una condena a muerte. Tommouhi todavía vive, todavía estamos a tiempo de devolverle parte de la vida que le robó un sistema judicial injusto y la facilidad con que se confunden los rasgos de las personas de otras etnias. Toda la información sobre este caso en www.geocities.com/eva_bobrow/Tommouhi.html.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 14 de abril de 2004