Continúa siendo una iniciativa muy minoritaria, pero el número de catalanes que practican la objeción fiscal se septuplicó el año pasado, tras las masivas movilizaciones contra la guerra. Durante los últimos 20 años, en Cataluña objetabansistemáticamente unas 200 personas. Sin embargo, en la última campaña la cifra subió a casi 1.500, según el Servicio de Información para la Objeción Fiscal a los Gastos Militares.
Las movilizaciones contra la guerra dispararon el fenómeno. "La gente se está enterando de que puede hacer algo más que manifestarse y ha comenzado a ver que tiene más poder del que hasta ahora ha ejercido. Cuando se toma conciencia de que el gasto militar es tan brutal como 41,6 millones al día opta por hacer algo", argumenta el portavoz del Servicio de Información para la Objección Fiscal a los Gastos Militares (SIOF), Xema Moya.
La objeción a los gastos militares es un acto que quienes lo practican definen como de "desobediencia civil". Se trata de demostrar al Estado que no se está de acuerdo con los gastos militares y desviar la parte de los impuestos que corresponde a esta partida a un proyecto social o humanitario. Hay dos formas de hacerlo. La primera, dejar de pagar e ingresar en la cuenta del proyecto que cada año elige el SIOF el porcentaje de la contribución personal que los presupuestos del Estado destinan a defensa.
Para no hacerlo tan complicado, la mayoría de los objetores fiscales optan por la segunda posibilidad: dejar de pagar e ingresar en la cuenta social la cantidad que fija el SIOF, 84 euros en la campaña del año pasado. Si la declaración sale negativa, también se puede objetar, ingresando la cantidad fijada en la cuenta social. El año pasado, al finalizar la campaña el dinero recaudado en la cuenta del SIOF se destinó a cinco organizaciones que desarrollan proyectos en Palestina.
Pero ¿qué pasa con Hacienda? "En el 90% de los casos de objeción fiscal, hace la vista gorda", responde Moya. En el 10% restante, Hacienda reclama el importe, el afectado recurre y la historia acaba con un embargo por el importe no liquidado "más intereses por demora", explica el portavoz del SIOF. "La realidad es que acabas pagando dos veces: la cantidad que ingresas para un fin social y la que te acaba cobrando Hacienda, pero lo importante es la actitud", reconoce.
"Si la iniciativa no está más extendida", reflexiona Moya, "es porque la gente tiene miedo". "Miedo a un embargo total, a que les fichen, a una multa... pero Hacienda nunca ha multado a nadie porque hay un vacío legal respecto a una deducción no contemplada", asegura.
Con la campaña fiscal recién iniciada, las expectativas del SIOF apuntan a que el número de objetores fiscales se volverá a disparar. "Estamos recibiendo decenas de peticiones de charlas y consultas de particulares, algo que otros años no ocurría", destaca Moya.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de abril de 2004