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Editorial:

Sombrío aviso

Los latinoamericanos han olvidado en general los cuartelazos y las dictaduras sanguinarias y están gobernados mayoritariamente por dirigentes elegidos, pero como muestran sucesivos estudios regionales -el último, de la ONU, divulgado ayer-, en el subcontinente crece la desconfianza hacia los gobiernos democráticos. Entre el 50% y el 60% de los preguntados en 18 países apoyaría una autocracia si mejorase sus vidas y cree más importante el desarrollo económico que el mantenimiento de la democracia.

El sombrío diagnóstico es coherente con una realidad regional caracterizada por el parón o un lentísimo crecimiento durante los últimos cinco años. Con más del 40% de su población viviendo en una abierta pobreza, la frustración cabalga sobre los latinoamericanos, muchos de ellos muy jóvenes. La manifestación más aparatosa de la situación es el descontento popular que amenaza la permanencia de gobernantes elegidos. Durante los últimos cuatro años, aunque en circunstancias distintas, otros tantos presidentes han sido forzados a abandonar prematuramente sus cargos. Alguno más permanece en el filo de la navaja.

El informe de la ONU no deja dudas de que en Latinoamérica el ánimo colectivo es de frustración respecto a la capacidad del sistema democrático para proporcionar progreso social tangible, reducir las desigualdades, hacer prevalecer las leyes o combatir con eficacia la corrupción. La indagación social refleja que con todo su aparato formal -que suele incluir libertades civiles básicas y elecciones suficientemente transparentes- muchas de las democracias regionales esconden formidables desigualdades y que el monopolio del poder político y económico por las élites sigue condenando a enormes sectores a la miseria y hace de los indígenas ciudadanos de segunda. Secuelas generalizadas son la ineficacia de sistemas legales hiperpolitizados, los descontrolados poderes de las fuerzas de seguridad o la corrupción instalada en los aparatos públicos.

Difícilmente pueden ser exagerados los peligros de semejante radiografía para la estabilidad política regional. Los más perniciosos son el descrédito del sistema democrático y la correlativa deriva hacia el populismo autoritario o el caudillismo. No hace tantos años que causaron estragos de larga duración en Latinoamérica.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 22 de abril de 2004