En estos días asistimos al estreno de un nuevo Gobierno que, como todos los que llegan por primera vez a La Moncloa, promete hacerlo todo bien y llevarse bien con todo el mundo, derrochando buenas intenciones.
El señor Zapatero ya ha dado un primer paso en esa dirección, comprometiéndose primero de palabra y ahora con hechos, al ordenar la retirada de nuestras tropas de Irak. Como ex militar que soy, ex cabo 1º de tropa profesional, no puedo dejar de alegrarme de que termine esa injusta misión de ocupación, absurda, carente de utilidad, antes de que ocurra una desgracia; y también siento renacer la esperanza de que, en algún momento, alguien se acuerde del despido ilegal (aunque Defensa lo llamó "finalización de compromiso", algo que no convence al Inem) sufrido por los ex militares profesionales que hemos cumplido 35 años de edad o 12 de servicio activo.
También somos personas, arrancadas de nuestro trabajo, desamparadas, enfrentadas a
un terrible mundo laboral, pero, aparte de nuestras familias, a nadie preocupa nuestra delicada situación. Entre tantas buenas intenciones, ¿no podría haber un hueco para nosotros, señor presidente?
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 22 de abril de 2004