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CARTAS AL DIRECTOR

Más sobre la vergüenza

Leo la carta de Elena Martín-Consuegra en esta misma sección. No entro a valorar el fondo, donde legítimamente se pueden defender posturas opuestas. Pero escoger una acepción cercenada para argumentar describe perfectamente al que utiliza semejante estrategia discursiva. Ignorancia, mala fe o desprecio de las más elementales reglas de la discusión civilizada. Los sentimientos del señor Aznar son perfectamente comprensibles y perfectamente legítimos, exactamente igual que los que pueda sentir la autora de la carta en cuestión. Sin embargo, seguro que si se esfuerza podría encontrar unos argumentos un poco menos tramposos. El país entero parece encantado de discutir de esta manera, en uno y otro bando. Otra gran aportación discursiva, la apelación a los millones de personas en la calle. ¿No hay unos cuantos en este país que votaron al partido del señor Aznar? ¿Esos millones no cuentan? El trazo grueso se ha impuesto, es la defunción de los matices. Formo parte de los millones que se opusieron a la invasión de Irak. Aunque no voté al PP, también formo parte de los millones que creen que no se debería traer al ejército de vuelta en la forma en que se ha anunciado que se hará. Yo también siento vergüenza.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 28 de abril de 2004