Tengo 31 años, mujer y tres hijos. Hablo cinco idiomas. Terminé mi carrera de Medicina con un buen expediente en una de las mejores facultades del país. Saqué uno de los 10 mejores exámenes MIR en mi año. Me formé como especialista en Cirugía General y Digestiva en un servicio de reconocido prestigio durante cinco años (hasta aquí van 11 años de estudios universitarios). He completado mi formación en Estados Unidos y en Francia. Tengo, además, una Diplomatura de Postgrado y un Master en Estadística aplicada a la investigación biomédica.
Desde que terminé mi especialidad sólo he podido trabajar durante tres meses haciendo guardias en días sueltos (el pasado verano) en un hospital público, a 75 kilómetros de Madrid: el día que no trabajas, no cobras. Posteriormente, y hasta la fecha (durante 8 meses), he estado con un contrato por las tardes en un hospital público de Madrid, para quitar lunares, uñas y quistes sebáceos de la lista de espera, preguntando cada dos meses si me renovaban o no. ¿Es éste el futuro profesional para el que me he preparado? Rotundamente, no. Yo no me he hecho cirujano para esto.
El día 1 de mayo, Día del Trabajo (¡qué ironía!), me convertiré en un emigrante por necesidad. En Francia hay trabajos dignos para los médicos. Esto me obliga a llevarme a mi familia lejos, desarraigarnos y dejar muchos afectos atrás. Quisiera hacer tres preguntas: ¿para qué ha invertido tanto dinero el Estado español en mí si no me da un trabajo decente? ¿Qué hace falta en España para trabajar? (formación no será...). ¿Cambiará esto algún día para que podamos volver?
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 29 de abril de 2004