Que el Ayuntamiento de esta bella, cosmopolita y moderna ciudad se haya decantando por defender la vida oponiéndose a la barbarie de la lenta ejecución de un animal públicamente y con música no me sorprende.
Lo que me impresiona es que el Colegio de Veterinarios no haya dicho nada, siendo los que deberían ponerse del lado de aquellos seres que, al parecer, se han comprometido a cuidar y sanar.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de mayo de 2004