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El cántico sagrado que entonó Riazor

Gol de Tristán, gol de Tristán y todos en pie. Padres, madres, hijos e hijas. Todos blandieron el puño en Riazor entonando un canto de comunión popular. Como en la iglesia, sólo que sin acompañamiento de órgano: "¡ni Liga, ni Copa, ni Champions League! ¡Ni Liga, ni Copa...!". Y así sucesivamente. Todos iluminados ante el hecho irracional, sacro, de la caída del poderoso ante el pobre. Todos felices de ver que Ronaldo manda un balón al palo; que Raúl tira al larguero; que Zidane ve la tarjeta roja; que Beckham la amarilla. Momento de éxtasis. Y otra vez, canto espiritual en Riazor. Canto evocativo de un encuentro casual entre el director general deportivo del Madrid y un árbitro hace dos meses en Sevilla: "¡Que baje Valdano oh, oh, oh!".

Es cierto lo que dicen algunos miembros de la directiva del Madrid: "Que se es madridista por afición y por oposición". Que el Madrid hace felices a todos; a los niños de África, a los de Asia, a los afines y a los contrarios. Que por donde va, reina el alboroto y el regocijo. Ayer se pudo comprobar. Se vio en A Coruña, donde desde la mañana las ventanas lucieron banderas blanquiazules y los coches hicieron sonar el claxon al paso por el hotel donde durmió el Madrid, antes del partido. Ayer se vieron multitudes de seguidores blancos ávidos de un recuerdo de sus ídolos, amontonados por cientos frente al hotel, disfrutando de una tarde primaveral junto a la playa. Japoneses, chinos, ingleses, gallegos, asturianos... Y ayer se vio en Riazor, durante el descanso. Allí estaban. Familias enteras de opositores gozando de un momento de alegría total: padres besando a madres, madres besando a niños, niños besando a padres. Comunión. Paz en la tierra.

Riazor es un terreno de juego de afinidades musicales. En el campo donde el Madrid no gana desde la campaña 1991-1992 la gente canta a la primera de cambio. Cantaron cuando vieron a Pavón y a Bravo cogidos por sorpresa por la velocidad de Sergio; cantaron al ver a Tristán apareciendo a la espalda de Bravo; le cantaron a Ronaldo versos de intención humillante; y recibieron a su equipo tras el descanso con Sobreviviré, de Gloria Gaynor.

"¡Djalma, Djalma...! La multitud aprovechó la velada para rendir homenaje a los actores secundarios, con Djalminha a la cabeza. En las tribunas hubo música. La gente hizo la ola. Y en el campo se vieron escenas de gran tensión. Por ejemplo, a Ronaldo maldiciéndose por fallar un cabezazo. También Ronaldo, el jugador tranquilo por excelencia, pasó una noche angustiosa. Una noche que auspició un gaiteiro solitario que llegó detrás del autobús del Madrid. Iba envuelto en una bandera blanquiazul y soplaba Cuando los Ángeles del Cielo Vengan Marchando..

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de mayo de 2004