Señor alcalde de Sevilla: Son las 18.00 horas del sábado y como todos los sábados (y domingos) ya ha llegado el individuo de la furgoneta. El individuo que, semanalmente desde hace meses y meses, irrumpe con puntualidad suiza en el barrio de Pío XII de Sevilla y nos anuncia su mercancía con un altavoz atronador. A este individuo le importa un pimiento que haya una ordenanza municipal que proscriba este tipo de pregones.
Pero eso, con ser malo no es lo peor. Lo peor es que ese individuo lo que va pregonando es un surtido de pastelería en fresco y sin envase alguno que transporta y "comercializa" en el maletero de una furgoneta cochambrosa y más apta para el transporte de material de construcción que de productos destinados al consumo humano.
¿No nos acordamos del envenenamiento por aceite de colza adulterado? ¿Hay que esperar a que ocurra otra desgracia?
Yo, por mi parte, todos los sábados y domingos llamo al 112 y denuncio los hechos a la Policía Local. También los he denunciado por escrito, haciendo constar la matrícula de la furgoneta-confitería, pero el individuo vuelve y pregona todos los fines de semana. ¡Bastante le importa a él la Ordenanza municipal de Sevilla, la Ley 26/84 o el RD 1945/83! ¿Para qué temer a una Policía Local que es seguro que no vendrá?
Señor alcalde: ruegue que nunca pase nada. Que no se produzca un problema de salud derivado de esta práctica tercermundista. Si eso llega a ocurrir, alguien podrá comprobar en los registros de llamadas del 112 que yo (al menos yo) he estado denunciando los hechos sin que su Policía Local haya hecho nada.Las segundas y sucesivas modernizaciones son incompatibles con esperpentos como el que le acabo de relatar.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de mayo de 2004