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Entrevista:DANIEL ÁLVAREZ ESPINOSA | Historiador | SIGNOS

"Cristianos y marxistas sentaron las bases de la reconciliación de las dos Españas"

Quince años después de la Guerra Civil que desangró España, dos colectivos aparentemente irreconciliables, los cristianos y los comunistas, empezaron a apartar algunas de sus diferencias para allanar el camino de regreso de la democracia. Daniel Álvarez Espinosa, gaditano y doctor en Historia Contemporánea y miembro del Grupo de Estudios de Historia Actual de la Universidad de Cádiz (UCA) que dirige el profesor Julio Pérez Serrano, ha abordado el estudio de aquella extraña y providencial alianza. El resultado es un apasionante y esclarecedor ensayo de más de 450 páginas, Cristianos y marxistas contra Franco, que ha sido recientemente presentado por el Servicio de Publicaciones de la propia UCA.

"El aperturismo fue una solución buscada para que el franquismo perviviera"

Pregunta. ¿Cuál fue el propósito original de este estudio?

Respuesta. Cristianos y marxistas contra Franco sale de mi tesis doctoral, y se explica desde el título. En la época de Franco se hablaba de "cristianos contra marxistas". Yo me propongo mostrar cómo a finales de los años cincuenta y en los sesenta cristianos y marxistas se unieron y sentaron las bases de la transición y la reconciliación de las dos Españas.

P. Además de la influencia decisiva del Concilio Vaticano II, ¿qué circunstancias hubieron de darse para ese acercamiento?

R. Hubo un cambio generacional importante, sobre todo con el nacimiento de españoles que no habían conocido la guerra. Se dieron también importantes cambios sociales, España entra poco a poco en la sociedad occidental y de consumo, de modo que los presupuestos ideológicos que dieron lugar al conflicto de 1936 van quedando atrás. Los partidos comunistas se van abriendo al fenómeno religioso, la fe deja de ser el "opio del pueblo". Por decirlo de otro modo, se van desestalinizando, empiezan a admitir a los creyentes en sus filas. En eso juega un papel paradigmático un personaje llamado Alfonso Carlos Comín, el primer cristiano que ocupará cargos de responsabilidad en el Partido Comunista de España, sin dejar de declararse como tal.

P. ¿Y cuales fueron los principales escollos de esa unión?

R. El proceso no fue fácil en ninguna de las dos partes. En el último capítulo del libro, por ejemplo, analizo la crisis de fe que sufrieron algunos de los protagonistas, que acabaron abandonando su credo y asumiendo cargos en partidos y sindicatos. En la izquierda, sobre todo, se miraba con cierto desprecio a la fe, se la tenía por un sarampión pasajero, que tenía cura con el tiempo. En las jerarquías eclesiásticas, un cristiano en el PCE era considerado como caballo de Troya.

P. ¿En qué modo nos acercó esa reconciliación a Europa, y viceversa?

R. Al final de los años cincuenta se acaba la autarquía, España deja de estar aislada. Nos damos cuenta de que tenemos que abrirnos al exterior, a Europa occidental, y este hecho se manifiesta en la apertura de fronteras que supone el turismo, en las inversiones extranjeras, fundamentalmente las norteamericanas, y en la emigración, porque los emigrantes regresan siempre con otra mentalidad. Se lanza el eslogan "España es diferente" por una cuestión principalmente económica...

P. ...Y se acaba propiciando una España de verdad diferente.

R. Así es. Con el turismo, por ejemplo, aquellas suecas de las películas de Alfredo Landa, la moral tradicional queda fuertemente cuestionada. El aperturismo fue una solución buscada para que el franquismo perviviera y el país tuviera una economía saneada. Pero precisamente acabó con él ese deseo de ir con los tiempos.

P. ¿Qué huella queda hoy de aquella aproximación milagrosa entre cristianos y comunistas?

R. La principal herencia es la vigencia del nacionalcatolicismo, patente, por ejemplo, en las procesiones del Corpus Christi en las que suena el himno nacional, en ciertos síntomas de nostalgia de una España imperial y eterna, en la idea muy extendida por la cual, si eres católico, eres más español que quien es ateo... También se ve en la idea de España como país eminentemente turístico, o en la televisión como instrumento de control y adoración, tal y como la entendió el franquismo. Por otra parte, también ha habido avance, sobre todo desde el ingreso en el Mercado Común. Pero queda esa resaca.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de mayo de 2004