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Entrevista:LAURENT GAUDÉ | Escritor

"No podía escribir una epopeya sin mostrar el horror de la guerra"

El legado del rey Tsongor, una emotiva novela de un misterioso exotismo publicada el año pasado (Salamandra), ha logrado cautivar a millares de lectores con su inteligente y evocadora amalgama de elementos de diferentes culturas y tradiciones (de la Iliada y el Mahabharatha a los mitos africanos, pasando por el mundo mesopotámico) y su visión de la guerra como fenómeno devastador. Ahora, coincidiendo con la segunda edición en España de su obra -que recibió en 2003 el premio de los libreros franceses- , el escritor Laurent Gaudé (París, 1972), ha visitado Barcelona. "No soy historiador, ni etnólogo, ni tengo una formación erudita, pero sé lo que me apasiona, lo que me toca, lo que me conmueve", afirma. "Para escribir El legado del rey Tsongor he actuado como un ladrón entre los grandes mitos y epopeyas, y he cogido y mezclado material de distintas civilizaciones".

"No se dice en el libro explícitamente pero 'El legado del rey Tsongor' es un mundo africano"

En esencia, la novela de Gaudé presenta un conflicto bélico similar a la guerra de Troya en un reino inventado de claras resonancias africanas. Ejércitos de amazonas montadas en cebúes, de enloquecidos guerreros mascadores de qat o de fieros luchadores travestidos forman parte del fascinante escenario, junto a un cementerio de tortugas o un monarca muerto cuyas lágrimas tienen el poder de sanar a los quemados. "La guerra de Troya ha sido un referente fundamental en la novela junto a diferentes relatos de epopeyas de África", explica el autor. La historia que cuenta Gaudé -un rey que ve su reino abocado inexorablemente a la guerra a causa de la rivalidad entre dos pretendientes de su hija- está llena de muchísimas otras referencias: la capital del reino, edificada como Roma sobre siete colinas, se llama Massaba, lo que remite a la asediada Massada judía; en un momento de la narración se dispone para uno de los cenotafios del rey un destacamento de guerreros de arcilla que sugieren los ejércitos enterrados del primer emperador chino, e incluso hay algún personaje que hace pensar en la leyenda artúrica. Pero la descontextualización y situación de esos elementos en una nueva narración configuran algo distinto, una historia prístina y fascinante contada por primera vez. "El mundo de El legado del rey Tsongor está sacado de muchas fuentes, lecturas, imágenes, visitas a los museos, viajes a Petra y Palmira, todo mezclado. Es un mundo imaginario pero con ecos, resonancias, de la literatura, la historia, la mitología y el arte universales". Gaudé subraya la base común, "arquetípica", que subyace en todo ese material y que es aún más perceptible al esencializarlo.

De la influencia de Homero, muy clara en la descripción de batallas y ejércitos (por no hablar de detalles como que un personaje muere tras ser herido en un talón), recalca que ha sido un punto de partida pero que hay variaciones sustanciales, como convertir al personaje femenino en "no culpable", a diferencia de Helena de Troya. "Releí la Ilíada antes de escribir, para empaparme de su musicalidad, y de ahí procede el relato de las muertes en combate, que Homero describe de manera realista, clínica, casi quirúrgica".

Aunque se habla de hienas, baobabs, monos o tuareg, la palabra África no aparece en la novela. "No se dice explícitamente, pero es un mundo africano", indica el novelista. "Las armas, el color, las joyas... todo era en mi imaginación africano. He imaginado a los personajes negros y el concepto de lo sagrado que impregna la narración es puramente de África. Es un universo religioso en el que no hay dioses como entre los griegos, sino espíritus naturales y difuntos que se relacionan con los vivos". Paradójicamente, Laurent Gaudé no ha estado nunca en África, si se exceptúa un breve viaje a Túnez.

La guerra ocupa un lugar fundamental en el libro. "Es la crónica de la destrucción de una familia por la guerra. He querido mostrar todo el horror de la guerra, su mecanismo perverso de autoalimentación, y en eso también mi novela se distancia de Homero, que no la cuestionaba en absoluto. Yo no podía escribir una epopeya sin mostrar ese espanto".

El lenguaje juega un papel capital en el libro y los nombres poseen una eufonía y una capacidad evocadora notables. "Le he dado mucha importancia a eso. Los nombres vehiculan todo un imaginario; los he ido encontrando de una manera instintiva, muchas veces por su musicalidad".

Laurent Gaudé, que además de novelista es un consagrado autor teatral entre cuyas piezas figuran un monólogo de Alejandro Magno y una trilogía conectada con el mundo de El legado del rey Tsongor, dice que piensa regresar narrativamente al universo de su novela dentro de unos años. De momento, en septiembre aparecerá su nueva novela, la tercera, Le soleil des Escarta, ambientada en el sur de Italia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de mayo de 2004