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Análisis:FÚTBOL | Liga de Campeones: vuelta de las semifinales

El éxito de un sacamuelas

Un equipo tan pugilístico como empachoso fulminó al inolvidable verdugo del actual campeón de Europa. Lo que no fue capaz de hacer el imperioso Milan lo hizo el Oporto, un mecano que resulta más soporífero que la carta de ajuste. No tiene púrpura, pocos pagarían por un cromo de varios de sus jugadores y su juego desagrada tanto como un sacamuelas. Pero es un conjunto de cuerpo entero. Con toda su cicuta, es un equipo en el amplio sentido de la palabra, cuajado como pocos. Tácticamente es impecable por la solidaridad de todo el grupo, por su capacidad para enredar al rival y mantenerle a varias cuadras de su portería, y por su profesionalidad para manejar los partidos según le conviene. Siempre con el martillo a punto, pega, y mucho, sin misericordia -hizo 15 faltas sólo en la primera media hora-. Juega con la persiana defensiva a punto del cierre -el Depor tardó una hora en lanzar un córner- y arriesga lo justo en el momento oportuno. Jamás descuida la pelota, a la que abanica como remedio defensivo, lo que desquicia al enemigo, que se asfixia, se harta de cazar moscas y le pueden las dudas: ¿hay que dar un paso adelante para reconquistar el balón o hay que esperar el avance de la tropa rival para no despoblar la trinchera? Mal asunto, porque el Oporto ni muerde arriba ni se deja morder atrás. Tiene un plan y está dispuesto a discutirlo a tortas con cualquiera. Lo hizo con éxito frente al Depor y frente al Manchester United, a los que despojó de sus mejores atributos futbolísticos y mentales. Tan bien tejido está que no ha perdido un solo encuentro fuera de su campo en toda la Liga de Campeones. Un dato apabullante, porque también ha desfilado por Chamartín, Marsella y Lyón.

Este Oporto con aire de canchero argentino ha enterrado un viejo tópico. En el manual futbolístico existía desde hace tiempo la certeza de que a portugueses, escoceses y franceses, por ejemplo, les rebajaba la escasa competitividad de sus torneos domésticos al asomarse por Europa. Ahora resulta que el Oporto está en la cima, donde quizá se vea con el Mónaco francés tras haber ganado el pasado curso la Copa de la UEFA al Celtic escocés. Con Mourinho al frente, el Oporto se ha apuntado un triplete -UEFA, Liga y Copa en 2003- y va camino de otro -ya tiene la Liga 2004 y está en las finales de Copa y Champions-. Sus torneos locales son débiles, sí, pero le permiten exprimir al máximo las rotaciones y le han matriculado en la cultura del éxito. Se ha convertido en una máquina de ganar y su plantilla está fresca como un lenguado. Por algo Europa tendrá el 26 de mayo la octava final sin españoles, italianos y alemanes en 49 ediciones. Por algo el Depor murió otra vez de pena.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de mayo de 2004