Enamorado del modelo artesanal de Juan Palomo, Leonard Kravitz ha grabado su séptimo disco, Baptism (Virgin, a la venta el 17 de mayo), prácticamente en solitario en un estudio de Miami. Su mayor novedad es la aparición de Jay-Z, la máxima figura del hip-hop estadounidense. Kravitz actuará próximamente en Lisboa (11 de junio), Madrid (13) y Barcelona (14). Sobrado de imagen, cargado de un inmenso ego, magnético para el sexo femenino, Kravitz, que parece salido de un casting de Hollywood, pasó ayer por Madrid para promocionar su nuevo disco.
La fiesta flamenca duró hasta las cinco y retrasó una hora su cita con la prensa
En las certeras palabras de un anónimo periodista, Leonard Albert Kravitz (Brooklyn, 1964) es la perfecta estrella del rock para gente que no gusta de la música de rock. Pero ser Lenny Kravitz tiene sus ventajas. ¡Enormes ventajas! Llega a la vieja Europa y un promotor local le envía dos bellas criaturas de compañía, no sea que le ataquen los "blues de la cama vacía". Casa Lucio le recibe con sus mejores sonrisas. Y los artistas flamencos, hijos de aquellos obreros del arte andaluz que tuvieron que tocar para turistas gringos, le abren las puertas de sus refugios secretos y, la noche del lunes, le montan gratis et amore una juerga flamenca por todo lo alto. Un honor recibido con curiosidad por un caballero que posiblemente crea que soleá es una marca de cerveza mexicana.
La fiesta se prolonga hasta las cinco de la mañana. Así que no tiene nada de raro que la cita con la prensa escrita, prevista para las tres de la tarde, se retrase una hora. Plumillas y foteros se desperdigan buscando un lugar para alimentarse por los alrededores del hotel Ritz (no, la industria del disco ya no paga comidas a la prensa) y, sin tiempo para el postre, se apresuran a volver corriendo dispuestos a no perderse ni un segundo de la sabiduría de Lenny: el Mesías Negro se siente generoso y concede 25 para una docena de periódicos madrileños y barceloneses.
Oh, claro, se puede usar terminología bíblica: después de todo, el nuevo disco se llama Bautismo y en la portada la estrella está semicubierta por un líquido rojo y espeso. Desde luego, explica, Baptism significa un renacimiento religioso y artístico. Sí, se ve como un reverendo, un predicador del rock and roll. No, el nuevo peinado no simboliza nada (se niega a explicar si se plancha el cabello o si usa productos químicos, algo contra lo que avisaba Malcolm X).
Nunca lo hubiéramos imaginado: Lenny reconoce que echa de menos la vida normal, cuando era un black rocker cualquiera. No es cierto que se complazca en los sonidos "retro", su lema ha sido siempre el cambio estético y la más alta autoexigencia. Mantiene que contar con un sello discográfico propio no es un capricho, que quiere fichar talento fresco, artistas que -sorpresa, sorpresa- no se parezcan a nadie. Su visión del panorama de rock es.... bueno, ni siquiera puede citar un solo nombre que le haya fascinado últimamente. Eso sí, puede proclamar urbi et orbi que el rap es excesivamente materialista y que necesita descubrir la dimensión espiritual.
Hijo de padre judío y madre afroamericana, Kravitz está convencido de que su educación bicultural merece ser convertida en una película. Ya tiene el título, Barbecues and bar mitzvahs, y empezará a rodar el próximo año, con Woody Allen -¿uh?- como "director adjunto": modesto, confiesa que necesita alguna ayudita ya que todavía no domina la técnica cinematográfica, a pesar de que haya visto muchas películas de sus realizadores favoritos (Allen, Martin Scorsese, Stanley Kubrick). Y no, parece ser que en esa cinta autobiográfica no hay un papel para la buena de Nicole Kidman.
Este genio polifacético ejerce también de "arquitecto de interiores", especializado en transformar cualquier espacio en un fumadero de opio del siglo XIX.
Aunque disfruta de diferentes residencias, pasa la mayor parte del tiempo libre en Miami, una ciudad que -advierte- no es el desierto cultural que cree el resto del mundo.
En otros tiempos, Lenny aseguraba que funcionaba como consejero in pectore del presidente Clinton y su esposa Hillary, así que sugiere sibilinamente que no quiere que George W. Bush sea reelegido.
Mañana, el actual inquilino de la Casa Blanca seguramente se pondrá a temblar al saber la noticia.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de mayo de 2004