Lanzado en 1984, Private dancer fue el LP que logró lo que parecía imposible: impulsar a Tina, leyenda del soul en los tiempos de Ike & Tina Turner, como triunfal cantante de rock y pop. Disco grabado con un abanico de productores, que a partir de mañana ofrece EL PAÍS por 5,95 euros, vendió más de 11 millones de copias al generar abundantes éxitos: Let's stay together, What's love got to do with it, Private dancer, Show me some respect y I can't stand the rain.
La de Tina Turner es una de las más reconfortantes historias ejemplares de la industria de la música. Una historia, además, universalizada por Hollywood con What's love got to do with it, un biopic hagiográfico de 1993 que se centra en la relación abusiva de Ike Turner con su esposa Tina, de soltera Annie Mae Bullock, nacida en una plantación de algodón de Tennessee en 1939. Según la leyenda, Tina se harta de Ike en 1976, huyendo de un hotel en Dallas con 36 centavos y una tarjeta de gasolina. Afortunadamente, Tina tiene una red de amigos y admiradores. Fortalecida por su reciente fe budista, decide empezar desde cero, divorciándose del cruel Ike en 1978 tras llegar a un acuerdo que consiste básicamente en no pedirle nada excepto la custodia de sus cuatro hijos.
Un antiguo disquero, Michael Stewart, le adelanta dinero y comienza a buscarle bolos. Años en la cuerda floja: Tina acumula deudas, que enjuaga aceptando cualquier contrato: así, incluso actúa en países comunistas como Polonia o Yugoslavia. Pero sus primeros LP sin Ike no funcionan. Hasta que se cruza en su camino un australiano llamado Roger Davies, aprendiz de agente.
Davis tiene un plan. Está bien que Tina llene la nevera pasando por Las Vegas, pero debe conquistar al público pop, que sabe quién es aunque no se sienta motivado a comprar sus discos. Es la hora de llamar a los amigos blancos. Se hace un hueco en la gira de los Rolling Stones de 1981; Jagger, que aprendió de Tina a mover el trasero, todavía es un admirador. También ejerce de telonera de Rod Stewart en un concierto en California, televisado vía satélite a muchos países del mundo. En 1982, David Bowie da el empujón definitivo. Hay interés por Tina en Capitol, pero la compañía no termina de comprometerse. Bowie acaba de fichar por Capitol y ha citado a los principales ejecutivos en Nueva York, para que escuchen su exuberante nuevo LP, Let's dance. Cuando han terminado, Bowie les invita a seguir la noche, acudiendo a un concierto de "mi cantante favorita". Se trata, naturalmente, de Tina Turner y su actuación desintegra cualquier duda de los directivos.
Ahora urge hacer un disco apto para todos los públicos. Davies apuesta por un concepto entonces rompedor: que Tina trabaje con diferentes productores, para que el LP tenga contrastes y lo mejor de cada tendencia. En Private dancer están los de Heaven 17, pero también Rupert Hine, Joe Sample, Wilton Felder, Terry Britten y Leon Ndugu Chancler. Para el repertorio, también se busca la variedad. Hay clásicas del soul de Memphis, como I can't stand the rain y Let't stay together, junto a Help, de los Beatles. Lo mejor son los trajes hechos a medida: Mark Knopfler cede Private dancer, que explora la psicología de una prostituta y que Tina canta con cansancio y sabiduría. I might have been queen retrata a una mujer que recompone su vida. En Better be good to me, se enfrenta a una relación con realismo. What's love got to do with it distingue nítidamente entre sexo y amor (y parece inclinarse por lo primero).
El juego de espejos entre la artista y el ser humano de detrás funciona satisfactoriamente, potenciado por la minifalda de cuero y un espectáculo dinámico. Cuando What's love got to do with it llega al número uno en Estados Unidos, la revista Billboard confirma que es un caso único: es la misma cantante que 24 años atrás debutó en las mismas listas como parte de Ike & Tina Turner.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de mayo de 2004