Kanwarjit Singh, nacido en India, físico y médico, es director de planificación de Amgen, una de las compañías estadounidenses pioneras cuando se produjo la explosión de la biotecnología, hace dos décadas. Se le considera (también ha trabajado en Glaxo Wellcome) un experto en gestión de empresas farmacéuticas. Para Singh, la "gran crisis" por la que atraviesa el sector se debe a que "la innovación va por delante de la sociedad", en el sentido de que permite avances que la sociedad aún no puede pagar. Es algo que, afirma, ha ocurrido cada vez que ha habido una revolución tecnológica. Respecto al "gran problema" de que los nuevos fármacos lleguen también al tercer mundo, y de que se investigue más en enfermedades como la malaria, Singh recuerda que en la empresa privada "la prioridad son los accionistas". Singh intervino recientemente en un ciclo de conferencias sobre Ciencia y sociedad organizado por la Fundación Santander Central Hispano.
"El primer compromiso de las compañías es con los accionistas"
"Las cuestiones sociales son muy importantes y deben debatirse globalmente"
Pregunta. ¿Cómo ha cambiado el sector farmacéutico la irrupción de la biotecnología?
Respuesta. Las grandes farmacéuticas tradicionales eran más que nada compañías químicas que habían dado con un producto con acción terapéutica. Con la biotecnología el abordaje es mucho más inteligente, porque entendemos la biología. Antes se trabajaba con la aspirina sin saber nada sobre los mecanismos del dolor, de la inflamación... Desde 1953, con el descubrimiento del ADN, podemos empezar a entender lo que ocurre dentro de la célula. Y podemos trabajar de forma mucho más inteligente.
P. Sin embargo a la hora de buscar un fármaco se sigue usando el método ensayo-error, la fuerza bruta, probando millones de compuestos a ver cuál funciona.
R. Sí, en la fase de desarrollo sigue siendo así. Tienes un fármaco y hay que probar que funciona, siguiendo más o menos los mismos pasos que en la aproximación tradicional. Pero la gran diferencia es en la fase de descubrimiento; ahí las cosas han cambiado mucho. En Amgen, por ejemplo, tenemos Epogen [la hormona eritropoyetina obtenida por métodos biotecnológicos]
. Y no la encontraron a boleo, ellos ya sabían cómo es la molécula de eritropoyetina, dónde se produce, qué función tiene... y había muchos grupos en el mundo tratando de clonar el gen. Cuando Amgen lo encontró, el proceso de aprobación fue muy rápido, porque se conocía de antemano cómo funciona en el cuerpo. La diferencia de todos estos fármacos biológicos, no químicos, es que se sabe de antemano cómo funcionan.
P. El sector farmacéutico parece estar atravesando una crisis grave. ¿Cómo le hacen frente?
R. Efectivamente ésta es la gran crisis. Hace cuatro años un estudio decía que desarrollar una molécula costaba 414 millones de euros; el año pasado, otro estudio hablaba de 660 millones. Lo cierto es que con el conocimiento actual podemos producir un montón de moléculas, pero cuesta un montón de dinero. Y hay muy pocos sitios en el mundo que pueden permitírselo, sólo los países ricos. Eso es un problema. Lo que está pasando es que nuestra capacidad de innovación va por delante de nuestra capacidad para pagar por ella. Pero, bueno, al fin y al cabo estas cuestiones son importantes, son cosa de vida o muerte; se paga mucho dinero por tener una molécula que prolonga la vida. Así que es un problema ético, la sociedad debe decidir si quiere invertir más dinero en salud, en mejorar la vida de la gente, o en defensa, por ejemplo.
P. Pero muchos nuevos fármacos son para el resfriado, no son de vida o muerte. Y en cambio se investiga poco en enfermedades muy importantes como la malaria, por ejemplo.
R. Estoy de acuerdo. No hay una solución simple a esto. Porque en estas compañías hay accionistas que quieren recuperar su inversión. Obviamente si se mira al problema desde la perspectiva de la ONU las prioridades son un poco distintas que las de una compañía privada. Es un problema. Pero en última instancia la innovación beneficia a todos. El sida es un ejemplo. Los fármacos no fueron diseñados inicialmente para Suráfrica, China o India, pero con el tiempo, tras múltiples discusiones, estos fármacos están más disponibles, si bien no todo lo deseable. Con la malaria ocurrirá algo parecido, se beneficiará del conocimiento en biología básica. Aunque con el tiempo eso llegará, no ocurrirá tan rápido como debería.
P. Pero ¿dedican las compañías farmacéuticas algo de esfuerzo en investigar estas enfermedades?
R. Por lo general las compañías biotecnológicas se centran en unas pocas áreas terapéuticas. La mayoría no se enfrenta a las enfermedades, sino que parten de una molécula concreta. Es un abordaje distinto. Puedes acabar trabajando en varias enfermedades diferentes.
P. ¿Cuánta investigación hacen ustedes y cuánta toman de la universidad?
R. Hay una interesante colaboración. Antes, la frontera entre lo comercial y la academia estaba muy bien definida. Al principio de la biotecnología se investigaba sobre todo en las universidades, y hubo grandes discusiones sobre si patentar o no. Muchos sólo querían el reconocimiento académico, les bastaba poner su nombre. Ahora ya no; la gente se ha dado cuenta de que la investigación produce grandes ganancias financieras. Así que la frontera se ha vuelto poco clara.
P. ¿En qué areas trabaja ahora su compañía?
R. Amgen es una de las compañías pioneras de la biotecnología. En los orígenes se basaba en coger una proteína de interés, clonarla y producirla a gran escala. Es decir, pura tecnología de ADN recombinante. El año pasado la compañía compró Inmunex, que trabaja en anticuerpos monoclonales. Así que ahora somos una compañía híbrida. Nuestra nueva visión es que queremos entender la biología de la enfermedad, y cualquier cosa que sirva, usarla. Queremos ser la mejor compañía en salud humana. No queremos ser una compañía de anticuerpos, o de ADN recombinante, o de terapia antisentido, usaremos lo que haga falta para curar una enfermedad.
P. ¿Cambia esta visión la estructura de la compañía?
R. Estamos en las fases iniciales. Históricamente nos hemos concentrado en anemia y neutropenia. Primero fue la eritropoyetina. Y dos años después fue Neupogen para la neutropenia. La eritropoyetina estimaula la producción de glóbulos rojos y Neupogen estimula la producción de neutrófilos. Es muy importante para la quimioterapia contra el cáncer. Así que por supuesto queremos mantenerlas. Pero con Inmunex abriremos otros campos.
P. La investigación con células madre embrionarias está teniendo muchas restricciones. ¿Está esto afectando al sector farmacéutico en Estados Unidos?
R. Es un área con un enorme potencial. Mi compañía no trabaja en células madre, pero en mi opinión el potencial es tan importante que no se puede tratar de impedir su avance. Las células madre serán una parte crucial del futuro de la biotecnología. Lo que ha pasado en Estados Unidos, y en otras partes del mundo, es que la gente se ha visto inmersa en cuestiones muy emotivas, relacionadas con la reproducción humana, con las creencias... Pero si tratas de impedir la investigación aquí, alguien la hará en otra parte.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de mayo de 2004