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Blair azuza el fantasma de Thatcher ante los comicios locales

Los laboristas temen las consecuencias de la gestión de la crisis de Irak

Los dos grandes partidos británicos abrieron ayer la campaña electoral para las elecciones locales y europeas del 10 de junio con sentimientos encontrados. Para los tories suponen la primera prueba de fuego de su nuevo líder, Michael Howard, que les ha devuelto la moral de victoria tras la etapa gris y sin perspectivas de su efímero antecesor, Ian Duncan Smith. Los laboristas, en cambio, afrontan las urnas con nerviosismo por la fragilidad de su líder y teórica estrella del equipo, el primer ministro Tony Blair.

El nerviosismo laborista se vislumbra tras su primer gesto mediático: el lanzamiento de la campaña en negativo, con el ya manido recurso de apelar al fantasma de Margaret Thatcher, coincidiendo en esta ocasión con el 25 aniversario de la llegada de la Dama de Hierro a Downing Street. Los laboristas ilustran su cartel con los rostros de los cinco últimos líderes tories (en orden cronológico: Thatcher, John Major, William Hague, Duncan Smith y Howard) y la leyenda: "Gran Bretaña está trabajando. No dejes que los tories la hagan naufragar otra vez".

El laborismo parece apelar así a la fibra más sensible de su electorado tradicional, ese que cada vez siente más pereza a la hora de ir a votar, sobre todo en unas elecciones en las que no está en juego el Gobierno de la nación y que hace cinco años dejó en casa a tres de cada cuatro votantes en el conjunto del país. Pero el negativismo de la campaña no deja de ser también un reflejo del momento político. El Gobierno lleva ya casi dos años embarrancado en la crisis de Irak y sus esfuerzos por liderar la agenda política y llevarla al terreno nacional siguen siendo baldíos.

En las últimas semanas Blair se ha visto envuelto de nuevo en el marasmo. El creciente galimatías en Irak se ha visto crispado primero con la retirada de las tropas españolas, que obligará al Reino Unido a enviar más soldados; luego con la carta de medio centenar largo de antiguos diplomáticos renegando de la inquebrantable alianza del primer ministro con el presidente de Estados Unidos, George W. Bush; y en estos días con la polémica sobre los malos tratos a los prisioneros iraquíes.

La debilidad política de Tony Blair se ha visto reflejada también en el reciente anuncio de que los británicos serán convocados a un referéndum para ratificar la Constitución europea. Blair no sólo ha dado un giro de 180 grados en esta materia al aceptar una consulta que hasta ahora negaba, sino que lo ha hecho forzado porque el mensaje de los tories a favor de la consulta había calado con fuerza y se iba a convertir en un argumento central de la campaña. El primer ministro ha quedado en evidencia también por la manera en que ha hecho saber su cambio de postura, filtrado a la prensa y confirmado luego en el Parlamento antes de que se discutiera en el Gabinete, a espaldas incluso de sus mejores aliados, que se enteraron al leer los diarios.

Pero el laborismo juega con la ventaja de que sus resultados fueron ya muy malos en el pasado tanto en las europeas como en las municipales y eso no le impidió luego ganar por amplia mayoría las generales. William Hague ganó por ocho puntos las europeas de 1999 (36%-28%) y las locales de 2000 (38%-30%) y fue barrido en las generales de 2001. Duncan Smith ganó las locales del año pasado (35%-30%) y tuvo que dejar el liderazgo conservador a favor de Michael Howard a los pocos meses.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de mayo de 2004