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Editorial:

Mando único policial

La creación de unidades especiales conjuntas de la policía y la Guardia Civil para determinados servicios es la novedad más llamativa de la reforma organizativa anunciada por el Ministerio del Interior. El compromiso electoral de garantizar la "actuación conjunta y ordenada" de ambas fuerzas mediante "un mando único" ha acabado concretándose en la creación de un "comité ejecutivo", formado por seis personas, y no por una, como se dio por hecho al anticipar incluso el nombre del responsable.

La cuestión de la coordinación pasó a primer plano en otoño pasado, cuando se tuvo conocimiento de que la Guardia Civil, que había investigado los asesinatos de Rocío Wanninkhof y Sonia Carabantes, nunca supo que el presunto asesino, Tony Alexander King, estaba controlado por la policía tras conocer que era un peligro potencial para las mujeres. El asunto tuvo derivaciones varias, como el debate sobre si se debía o no mantener fichas policiales de personas cuyos antecedentes estuvieran judicialmente cancelados, pero que constituyen un peligro potencial: por ejemplo, los condenados por violaciones u otras agresiones sexuales.

El énfasis que a partir de entonces puso el PSOE en la necesidad de acabar con la descoordinación policial dio pie a que se contemplara incluso una eventual unificación de las dos fuerzas de seguridad del Estado. Lo que finalmente quedó en el programa electoral fue una propuesta de coordinación por arriba mediante la figura del Mando Único, del que dependería la creación de unidades especiales conjuntas en determinadas áreas de actuación: terrorismo, criminalidad organizada, desactivación de explosivos, entre otras. Una orden ministerial plasmará finalmente ese compromiso en la creación de estructuras compartidas y la creación de una base de datos común.

La fórmula es una solución intermedia entre lo que hay y la unificación en un solo cuerpo policial. Quienes defienden el mantenimiento de dos cuerpos separados lo hacen en nombre de la especialización de cada uno de ellos, principio que también defiende el programa socialista: la singularidad de la Guardia Civil como "instituto armado de carácter militar" se considera especialmente apropiada para tareas como el control de fronteras, misiones internacionales de paz y antiterroristas, entre otras. El problema es cómo encajar en la práctica esa singularidad (que implica la prohibición de sindicación, por ejemplo) en unidades conjuntas con la policía, que tiene otras tradiciones. Sólo la experiencia permitirá juzgar si la solución adoptada es eficaz o no.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de mayo de 2004