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La despedida de 'Friends' pone fin a diez años de telecomedia

La NBC cobra 1,6 millones de euros por 'spot' en el último capítulo

¿Acabarán unidos Ross y Rachel? ¿Se marcharán de Nueva York Monica y Chandler? Los 20 millones de espectadores que cada semana ven Friends en Estados Unidos está previsto que aumenten hasta 60 mañana, cuando la telecomedia termina sus 10 años de historia. De todos los acontecimientos televisivos de un año que incluye Juegos Olímpicos y elecciones presidenciales, el final de esta serie se ha convertido en el momento melancólico de la temporada y en el más suculento para la cadena que lo posee, la NBC. La desaparición de Friends representa, en realidad, el principio del fin de una manera de hacer comedia en televisión.

Tal es la envergadura sentimental del acontecimiento que la cadena de televisión TVLand, competencia de la NBC, ha cancelado su programación de mañana en prime time y tan sólo pondrá en antena un rótulo en el que recomienda a sus espectadores que cambien de canal y vean el final de Friends. Semejante deferencia es sólo comprensible en un país que contempla la televisión con devoción y respeto.

La NBC lo tiene todo perfectamente planeado desde el principio de la temporada, cuando se anunció que ésta sería la última para la telecomedia sobre los seis ex jóvenes neoyorquinos. Primero habrá una retrospectiva llena de lágrimas, después el largo episodio final y, para completar la despedida, el Tonight show de Jay Leno tendrá a los protagonistas en los estudios de Hollywood en los que se rodaba la serie.

La grabación de los últimos dos episodios se hizo sin público para evitar que se filtrase la resolución de las tramas. Todos los seguidores están convencidos de que Rachel no se mudará a París, donde tiene una oferta de empleo, porque acabará por fin emparejada con Ross, el padre de su hija. Esa relación, que ha sido la espina dorsal de esta telecomedia, eclipsará la marcha de Joey, el único detalle del argumento conocido de antemano porque este personaje será el protagonista de su propia telecomedia a partir de septiembre de este año. Joey (así se llamará la serie) tratará de buscarse la vida como aspirante a actor en Los Ángeles. Se despedirá de sus amigos en Nueva York y se irá a vivir con su hermana a la ciudad del cine.

La NBC espera amasar una fortuna con todo esto. Los anunciantes han pagado un precio récord por los spots de 30 segundos: dos millones de dólares (1,6 millones de euros), una cifra sólo comparable a la que se puede llegar a cobrar en las finales de fútbol americano, la Super Bowl.

Para redondear el negocio, la cadena de televisión y la distribuidora, Warner Bros, han prometido poner a la venta el próximo lunes una edición especial en DVD con el episodio que se emite mañana, lo que constituye todo un ejercicio de celeridad.

Aunque esta despedida no parece haber alcanzado los niveles mediáticos de otros acontecimientos comparables, como el final de Seinfeld o el de Cheers, el último capítulo de Friends prácticamente ha hecho olvidar que otra de las grandes telecomedias de la última década también dice adiós la próxima semana: Frasier, que culmina 11 años en antena.

El final de las dos series une a sus connotaciones sentimentales un componente pesimista para la comedia televisiva. Las dos han representado durante los últimos años los mejores valores de la calidad narrativa que ha distinguido una manera de hacer televisión, copiada con mejor o peor fortuna por guionistas de todo el mundo. Sin Frasier ni Friends apenas quedan productos auténticamente respetables en las rejillas de un país entregado ahora al placer barato de los realities.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de mayo de 2004