Carl Franklin también parece perdido para la causa. Como John Dahl (La última seducción), como Andrew Davis (El fugitivo), como William Friedkin (French Connection), como Walter Hill (Driver), como tantos otros. Hablamos de gente que, en sus inicios, demostró talento para el thriller de autor, para el cine negro de influencia clásica, para huir del tópico. Pero han sucumbido al desastre en el que se ha convertido buena parte del cine americano de entretenimiento.
Franklin, autor de Un paso en falso (1992), de El demonio vestido de azul (1995) y del buen drama Cosas que importan (1998), ha caído en las redes de la trampa y el cartón, de la intriga que pretende ser de usar y tirar pero sólo es de tirar y tirar. A contrarreloj es aún peor que su anterior película: Toda la verdad (2002).
A CONTRARRELOJ
Dirección: Carl Franklin. Intérpretes: Denzel Washington, Eva Mendes, Sanaa Lathen. Género: thriller. EE UU, 2003. Duración: 105 minutos.
La primera secuencia, de vergüenza ajena (¿qué demonios pinta un agente de la ley comprobando, cual sereno del franquismo, si las puertas de las casas del vecindario están bien cerradas?), ya constituye un curso de cómo hacer trampas cada cinco minutos.
El enésimo policía interpretado por Denzel Washington (¿habrá hecho una apuesta con Andy García?) cae esta vez en las redes de un timo con resultado catastrófico: dos muertos. El mito del falso culpable lleva entonces al protagonista a tener que probar lo improbable. Franklin parece más preocupado por filmar de abajo arriba la neumática anatomía de Eva Mendes (¡jefa de policía!) que por resultar coherente y, en cada secuencia, el espectador se hace no menos de dos preguntas acerca de lo listos que parecen los detectives y lo idiotas que en realidad resultan.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de mayo de 2004