Como ciudadana y española, estoy avergonzada de haber recibido noticia de los envenenamientos ocurridos en Madrid y de la pasividad que la Policía Municipal muestra en cuanto a este problema, por lo que me sumo a la denuncia de los vecinos de El Pozo (Madrid) que denuncian lo siguiente: como cada primavera se producen envenenamientos de nuestras mascotas en el parque Lineal, queremos denunciar la pasividad absoluta de la Policía Municipal ante nuestras quejas formales o informales, el desoimiento general de las entidades competentes ante un hecho que se repite, sistemáticamente, cada año. Queremos hacer ver cómo se aplica una justicia llena de obligaciones y deberes (licencia para la tenencia de "perros potencialmente peligrosos", chip de identificación, vacunaciones periódicas, limpieza urbana, estrictos lugares de paseo, uso de correas y collares, etcétera), pero sin ningún derecho.
Sin embargo, esta vez queremos llegar aún más lejos, queremos sensibilizar a los insensibles. Sabemos que el dolor no es explicable para quien no lo padece, pero queremos que la mala gente sepa que esos animalitos a los que está matando son tal vez el último vestigio de calor y cariño, quizá la última voluntad de vivir de personas que no tienen otro modo de obtenerlo.
Queremos que sientan que el asesinato de esas mascotas incide en una población que necesita un amor incondicional. Queremos que se sepa que nos sentimos desprotegidos frente a los ejecutores de unas leyes que sólo inclinan la balanza hacia un lado. No pedimos reformas ni novedades; sólo solicitamos el derecho a la vida, la nuestra y la de los nuestros.
Necesitamos dejar de tener miedo, necesitamos dejar de sentirnos amenazados, no queremos que mueran nuestros animales, ni las aves del parque, pero, sobre todo, no queremos que mueran nuestros hijos, si en una fatal equivocación se llevan a la boca ese "maldito trozo de carne".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de mayo de 2004