Los guardas que vigilan la entrada del Palacio de Festivales llevan unos detectores de metales que pasan por el cuerpo de todo el que accede dentro. No sólo buscan armas, sino (quizá preferiblemente) las diminutas cámaras que usan los piratas audiovisuales para grabar las películas. Los Encuentros Internacionales abiertos por Gilles Jacob ayer en Cannes reunieron a 17 expertos (directores, altos ejecutivos, representantes de asociaciones y del Ministerio francés de Cultura) para tratar de buscar soluciones al problema.
De la reunión salieron tres ideas concretas. La primera es la necesidad de reconocer que la descarga de creaciones audiovisuales es ilegal y peligrosa para la industria, y que hace falta una unión formal internacional para luchar con eficacia. La segunda propuesta es poner el foco en la educación. Jack Valenti, presidente de la todopoderosa asociación de majors MPAA, pidió "copyrights más seguros y voluntad política para reforzarlos. Necesitamos cambiar los comportamientos". Por último, el grupo confirmó la necesidad de adaptar la tecnología para afrontar la batalla. Valenti aconsejó que Renaud Donnedieu de Vabres, ministro francés de Cultura, encabece la unidad internacional, y Donnedieu anunció que el presidente francés Jacques Chirac convertirá ese plan en acciones concretas la semana que viene.
Mientras tanto, unos doscientos intermitentes acudieron ayer a la entrada del pase de gala de Comme une image, de Agnes Jaoui. Los precarios fueron aplaudidos por el público que abarrotaba los alrededores, que abucheó la llegada del ministro de Cultura.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 17 de mayo de 2004