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OPINIÓN DEL LECTOR

Adopciones

En estos días se ha publicado que en breve se elaborará una ley por la que las parejas de homosexuales pueden adoptar niños. Partiendo de la base que hay aceptar a las personas como son, sin ningún tipo de discriminación. Esto no significa que debamos dar a sus opciones sexuales las mismas posibilidades y menos cuando hay por medio otras personas, en este caso niños, que no tienen la capacidad de elegir.

La adopción existe para acompañar a un niño que ha sido privado de su familia, y pretende darle un ámbito lo más adecuado posible para su desarrollo. Un niño no es un regalo, no es un derecho para la utilidad de nadie. Por tanto, se trata, en primer lugar, de buscar el mayor bien para el niño. La filiación biológica constituye el modelo a cuya imagen se crean los vínculos "artificiales" de filiación adoptiva: eso quiere decir que para crear una relación jurídicamente semejante a la natural, la relación creada se debe asemejar a la natural. En consecuencia, lo razonable es entender que sólo cabe establecer un vínculo de filiación adoptiva allí donde podría haber un vínculo biológico de filiación.

Objetivamente, nadie puede afirmar si esta situación es un bien para él. La experiencia nos indica que el medio natural en el que el desarrollo integral del niño se puede conseguir es en una familia y, por tanto, cualquier sucedáneo es un experimento en el que está en juego su futuro personal.

La cuestión no debe estar nada clara cuando en todo el mundo sólo hay dos países que admiten la adopción de niños por parejas de homosexuales: Holanda y Suecia. Nuestros políticos deberían reflexionar antes de dar este paso cuyas consecuencias no tendrá marcha atrás.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 18 de mayo de 2004