Bien porque el anonimato y el alcance planetario de Internet les ha posibilitado contactos, bien porque han sido siempre una realidad latente, o bien, en fin, porque las nuevas exigencias sexuales y la veloz reescritura de los roles tradicionales ha dejado en claro fuera de juego a muchos adultos (varones, debe leerse) en la expresión de su sexualidad, lo cierto es que los pedófilos asoman periódicamente, cada vez con mayor frecuencia, a los medios de comunicación. Así, de Bruselas a Santiago de Chile, de Barcelona a Lisboa, pasando, claro está, por los países de la Europa desarrollada y por EE UU, la pedofilia es un tema que gotea constante, en una confusa mezcla de culpabilizada clandestinidad y arrogante prepotencia -muchos abusos tienen que ver con la impunidad que el poder político aporta a muchos de los que los cometen-: sólo basta con comparar el filme con De niños, de Joaquim Jordá, para entender que cuando se habla del tema, los ítems se repiten.
CAPTURING THE FRIEDMANS
Dirección: Andrew Jarecki. Intérpretes: Arnold, Elaine, David, Jesé y Howard Friedman; Frances Galasso, Abbey Boklan. Género: documental social, EE UU, 2003. Duración: 109 minutos.
Capturing the Friedmans, el documental más polémico visto en EE UU después de Bowling for Columbine, de Michael Moore, rescata un viejo caso de pedofilia y pederastia con el que su director, Andrew Jarecki, se topó de bruces mientras preparaba algo más inocuo, un documental sobre payasos animadores de fiestas privadas. Con la ayuda de David Friedman, con la inapreciable colaboración de su familia y apoyándose en el contumaz exhibicionismo de sus miembros, que rodaban en formatos domésticos y en vídeo las fiestas y hasta las discusiones familiares, Jarecki recompone la historia de una familia de clase media-alta, destrozada por la paidofilia de su padre (condenado y muerto en la cárcel) y por la inocencia, aunque jamás demostrada, del hijo pequeño, que purgó nada menos que once años de cárcel por un delito que no cometió.
La importancia del filme es múltiple: porque denuncia el papel siniestro que los medios de comunicación pueden adquirir en cualquier caso de pedofilia si no son deontológicamente cuidadosos; porque muestra los desgarros de una familia cuya madre, la gran afectada por los devaneos siniestros de su marido, es literalmente menospreciada por sus hijos, y porque pone en evidencia la cada vez mayor centralidad del documental como verdadero bisturí útil para sajar las mayores pústulas de la vida en sociedad. Es una película difícil, áspera, aunque muy bien hilvanada y desarrollada; su visión la agradecerá cualquier ciudadano preocupado por las implicaciones de esta vieja y nueva plaga que tanto contamina a las sociedades democráticas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 21 de mayo de 2004