Desayuno siempre leyendo el periódico pero ya he decidido cambiar y a partir de ahora sólo leeré revistas del corazón, al fin y al cabo las desgracias son menos si se cobra la exclusiva.
Me pregunto qué exclusiva cobrará ese padre lloroso y desesperado que corre no se sabe a dónde con su hijo malherido en los brazos o esa mujer gritando entre las ruinas de su casa destruida minutos antes por los misiles de Israel. Nos escandalizan las fotografias de torturas en las cárceles de Irak, pero seguimos impasibles ante el genocidio sistemático del pueblo palestino. Salimos a la calle para protestar contra una guerra nueva pero el sufrimiento antiguo ya ha perdido interés y nos limitamos a lamentarlo con un chasquido de la lengua. Me preocupa esa insensiblidad cada vez mayor y más rápida con la que nos anestesiamos ante la injusticia.
Gracias a eso, a que olvidamos con facilidad, tipos como Bush y Sharon han hecho del mundo "su" republica bananera, campan por sus respetos y matan y destruyen lo que no les cuadra. Si dejamos que esto siga, tendremos el mundo que nos merecemos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 27 de mayo de 2004