Desde comienzos de este curso se ha convertido en costumbre entre el profesorado comentar las Cartas al Director, de éste periódico principalmente, dentro de la temática de la educación, y la incalificable forma de ordenar la enseñanza secundaria por parte de la Consejería de Educación. Repetirnos en nuestra disconformidad y en tratar de razonar sobre la lógica kafkiana que ha llevado a los "técnicos" de la Consejería a poner exámenes de recuperación a dos días de acabadas las evaluaciones, no llevará a nada.
Por todas las cartas leídas, y que seguimos muy de cerca, nos hace ver y sentir que no estamos solos, sino más bien quien está sola es la consejería. No ha habido ni una sola opinión favorable a las medidas adoptadas por la consejería. A pesar de las medidas absurdas hemos conseguido hacer una obra de ingeniería organizativa para darle cierto sentido a esta paranoia.
Si los errores cometidos por la consejería tuviera dos días de plazo para rectificarlos, como deben hacer los alumnos y alumnas para recuperar, ¿creen que sería razonable?
Ya sólo nos queda pensar si los que transitan por los pasillos de la consejería han pisado en los últimos años un aula o leen los periódicos. Y, por lo que se ve, ninguna de las dos cosas hacen o han hecho, visto lo visto. Aunque no hace falta ser maestro o profesor para entender que hay cuestiones que son de cajón, como el asunto ese de que los alumnos no repitan, que ya se está lanzando desde el ministerio, cuando a padres y profesores les parece una barbaridad que los alumnos pasen de curso con ocho o nueve asignaturas suspendidas. ¡Qué forma de engañar al ciudadano! Y quieren, desde el ministerio, conseguir que el 80% de los jóvenes tenga titulación de Bachillerato o Formación Profesional. Miren, nosotros, desde aquí, les proponemos una forma de alcanzar el 100% de alumnos titulados, ¡un auténtico éxito!, tan simple como darles el título a todos por la cara bonita.
Palabras como igualdad, nuevas tecnologías, diversidad, Andalucía imparable..., eslóganes vacíos y que carecen de su verdadero significado cuando lo utilizan los técnicos en educación. Mientras, nosotros, maestros y profesores seguiremos moviendo la cabeza de un lado a otro como síntoma de incredulidad y de desazón ante la sensación de impotencia y de considerar que nuestra experiencia y nuestro saber es malgastado por unos "entendidos" que no saben si un alumno es una persona o algo parecido a una coliflor.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de junio de 2004