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Más de 800 vecinos acuden al funeral de la joven asesinada en Alzira

El único inculpado fue increpado a las puertas del juzgado

Más de 800 personas acudieron ayer al funeral de Carla Rodríguez, la joven asesinada la noche del lunes, en la Parroquia de los Santos Patronos de Alzira. Pasadas las ocho de la tarde conducía la policía ante la juez al único imputado por la muerte de la chica, un ex novio, Daniel R., de 21 años. Con la cara descubierta entró en los juzgados mientras un centenar de jóvenes le increpaba a las puertas.

La policía condujo a Daniel R. ante la juez pasadas las ocho de la tarde. A pesar de que la policía considera tener ya pruebas que incriminan al joven en el asesinato, llegó al juzgado sin confesarse autor de los hechos. Entró a las dependencias custodiado por seis agentes que con dificultad contuvieron la avalancha del centenar de jóvenes allí congregados que le gritaron: "Asesino, asesino". Daniel R., vestido con polo naranja y pantalones vaqueros, recorrió los escasos cinco metros que separaban el furgón policial del juzgado con la cara descubierta y la mirada alta. Al cierre de esta edición aún prestaba declaración ante la juez.

Daniel R. y Carla Rodríguez fueron novios durante casi cuatro años. Ella puso el punto final a la relación hace unos cuatro meses. A pesar de que el acusado tenía ahora otra pareja, no soportó que la fallecida rehiciera su vida. Amigos del procesado lo califican de "tremendamente celoso". Carla Rodríguez salió del trabajo a las 20.30 del lunes y se fue con una amiga y el novio de ésta. cerca de las 22.30 regresó a casa pero volvió a salir y se encontró con Daniel. El joven regresó al parque donde había dejado a unos amigos un par de horas antes a las 0.30. Y durante la noche participó en la batida que la familia de Carla hizo por Alzira al ver que no regresaba y que había enviado dos mensajes al móvil de su madre en los que decía temer por su vida. Dos ciclistas la encontraron muerta en un paraje a diez kilómetros de Alzira, con fuertes golpes en la cabeza y cortes en la cara y el cuello.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de junio de 2004