El primer milagro que se obró en la persona de Pinochet pudimos verlo todos en directo, cuando a su regreso a Chile, tras una larga e involuntaria estancia en Londres, y a pie del avión, se levantó de la silla de ruedas con una vitalidad que nos sorprendió para dirigirse a saludar a los militares acólitos que acudieron a homenajearle.
Después de aquello, casi nos habíamos olvidado de él cuando nos llegan noticias de un segundo y no menos prodigioso milagro. Y es que después de padecer una demencia progresiva e incurable, de repente, en una entrevista, ha dado muestras de una salud mental envidiable. No está mal si el milagro ha servido para que un tribunal le haya despojado de la inmunidad. Es una buena noticia aunque los escépticos no terminamos de creer lo que vemos, así que quedamos a la espera, para recuperar nuestra fe, de que se lleve a cabo el tercer y definitivo milagro, que por fin sea juzgado.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de junio de 2004