Pequeños cuidados continuos en vez de restauraciones integrales al límite. Esta es la filosofía que adoptaron hace unos años el cabildo de la Catedral de Sevilla y el Ministerio de Cultura, gestor del Plan de Catedrales. Por eso no es raro ver en cualquier época del año a un equipo de personas trabajando colgadas de sus fachadas o encerradas en una de las capillas del interior. Así han estado todo el invierno alrededor de nueve trabajadores de la empresa Coresal, una compañía radicada en Madrid experta en la restauración de bienes culturales y adjudicataria de los últimos concursos públicos convocados para este tipo de obras en la Catedral sevillana.
En 1998 fueron los encargados de restaurar la puerta del Nacimiento, dos años después hicieron lo mismo con la del Bautismo y entre julio y marzo de este año acometieron la restauración de la puerta de Palos. Y en medio, controles, revisiones y obras de mantenimiento en lo ya restaurado. "Los monumentos no están para restaurarlos y olvidarse de ellos. Ahora se sabe que es mejor hacer menos, pero de forma continuada", explica Fernando Guerra-Librero, uno de los socios de Coresal.
Las grandes obras de restauración suelen correr a cargo del Ministerio de Cultura
Nueve empleados de la empresa Coresal han trabajado durante el invierno en el templo
Las puertas del Bautismo y el Nacimiento reciben su nombre porque en sus respectivos tímpanos (encima del umbral) están representadas esas dos escenas de la vida de Jesucristo. Decenas de figuras de terracota de alrededor de dos metros de alto y cuyo realismo apabulla visto de cerca. Al haber sido restauradas recientemente, esta vez sólo ha tocado trabajo de mantenimiento. "Se trata de evitar que se forme costra. Y ahora sólo ha habido que quitar el polvo". Cuatro personas han trabajado durante una semana en la limpieza de la puerta del Bautismo y durante tres en la del Nacimiento que, además de la brocha y el aspirador, ha requerido un trabajo de hidrofugación, un tratamiento para evitar que el agua penetre en la piedra.
El mantenimiento continuado no es sólo más beneficioso para el monumento, sino que resulta económicamente más rentable. La revisión y limpieza de las dos puertas ha costado 10.000 euros, mientras que la restauración de la de Palos ha rondado los 300.000. "Con lo que cuesta una restauración, puedes pagar el mantenimiento de 10 años", advierte Guerra-Librero. Después de cada actuación, la empresa está obligada a redactar una memoria de trabajo y un plan de controles y revisiones periódicas, del que, en el caso de la Catedral sevillana, ya ha surgido prácticamente un plan de mantenimiento programado y continuo.
Ángel Luis García, trabajador de Coresal, advierte, no obstante, del buen estado de la primera iglesia de Sevilla. A pesar del tráfico -"no es normal encontrar una catedral con una fachada tan expuesta al tráfico como ésta"- y el clima extremo de Sevilla. "Hemos trabajado en muchas y aquí desde el principio nos sorprendió lo bien que funciona todo". El secreto, dicen, radica en la falta de injerencias. "Las cuestiones técnicas las llevan técnicos", advierten. "Parece una obviedad pero no en todas las iglesias es así". La Catedral cuenta con un arquitecto, Alfonso Jiménez, y una persona encargada de todos sus bienes muebles, Teresa Laguna.
"Es verdad que el cabildo es pudiente, pero también que está dirigido con mucha sensatez y con convencimiento de que hay que invertir en conservar el patrimonio", afirma García. Las grandes obras de restauración suelen correr a cargo del Ministerio de Cultura, mientras que el cabildo suele financiar el resto de pequeñas intervenciones.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de junio de 2004