Estamos en la autonomía con más endeudamiento, donde el sector público tarda más en pagar y somos los más resignados a la hora de afrontar nuestro destino. Tenemos el parque de atracciones con más pérdidas y dispondremos de la ópera que habrá costado más millones de euros que ninguna otra. Ni el Liceo de Barcelona que se tuvo que rehacer con rigor, ni la Fenice de Venecia que también se rehabilitó tras un incendio, alcanzan el esplendor de nuestro Palacio de las Artes. Tenemos el Oceanogràfic más lujoso de Europa y nunca una sala de proyección cinematográfica tuvo más empaque que el Hemisfèric de Calatrava. Es una forma de acercarnos a la excelencia y la reafirmamos cuando ninguna capital del mundo ha tardado más en poner en práctica las primeras piedras de un proyecto decisivo para el desarrollo de una ciudad, como nos está ocurriendo con el Parque Central. Y si la providencia no lo remedia tendremos la reproducción del sistema solar más grande, si se consigue encarrilar la construcción y puesta en marcha de la Esfera Armilar.
Los valencianos hemos vivido muy condicionados por los mitos y las propuestas más estereotipadas. Estamos acostumbrándonos a la gloria deportiva con dos máximos títulos futbolísticos en el más corto espacio de tiempo. No es fácil acostumbrarse a ser el primero de la clase y por si faltaba algo vamos a organizar la Copa del América más europea de cuantas se han celebrado. Es hora ya de acabar con las rencillas y las disputas, porque el tiempo apremia. Estamos en vías de ser la sociedad civil más peculiar de cuantas nos rodean. No son tiempos fàciles para sobresalir porque hay mucha competencia. Precisamente el origen de la crisis de la industria tradicional proviene de que tenemos la concurrencia más amplia y numerosa. Queremos privatizarlo todo cuando crece la politización de los instrumentos financieros y otros organismos. No parece prudente ir a más en esta precipitada carrera contra reloj. Administrar adecuada y modestamente tanto éxito es un compromiso en el que no debemos fallar. Aún así todavía queda mucho por hacer y en algunos casos ante la disyuntiva de avanzar o asumir el riesgo de quedar obsoletos a muy corto plazo. No parece estar de moda el buen entendimiento y la política de alianzas. En ambos casos tenemos el camino abierto hasta sus últimas consecuencias. En tierras alicantinas está el Museo de Arqueología más premiado y en Benidorm destaca el centro turístico con mayor crecimiento. No admite parangón en dimensión y proporciones. En Castellón se va a construir el aeropuerto más controvertido.
Los valencianos se sienten perplejos porque viven inmersos en la contradicción. Cuando se mira la realidad estricta de nuestra situación no se contemplan razones para tanta euforia. Sin embargo quienes nos observan desde fuera quieren vernos pletóricos de atributos y oportunidades. Quizás a mitad de camino se encuentra nuestra posición acertada. Hay un ripio valenciano que dice: Este és el poble señors, / que fiat en tanta oferta, / espera en la boca oberta, / que li caiguen les bacores. No le cabe más.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de junio de 2004