Ignasi Guardans (Barcelona, 1964) se ha curtido en política exterior en las intensas sesiones en el Congreso de Diputados, en donde destacó por sus contundentes intervenciones contra el Gobierno del PP por la guerra de Irak. Se estrena como candidato al Parlamento Europeo en una novedosa coalición que agrupa a la soberanista Declaración de Barcelona (Convergència i Unió, Partido Nacionalista Vasco y Bloque Nacionalista Galego) junto al Bloc Nacionalista Valencià y el Partit Socialista de Mallorca.
Pregunta. Una coalición de nacionalistas corre el riesgo de defender sólo aspectos identitarios.
Respuesta. Derechos políticos y derechos identitarios. Es evidente que lo estamos haciendo y en solitario porque ni PP ni PSOE lo hacen. Defendemos lo que es más obvio y nos diferencia de los demás, que es la idea de la Europa de los pueblos, no contra los Estados o sin Estados. En el caso español existen unas identidades colectivas muy concretas e identificadas que denominamos naciones sin Estado y que tienen derecho a un reconocimiento político específico con una serie de consecuencias jurídicas, por ejemplo, en el principio de subsidiariedad, acceso al Tribunal de Justicia, participación en el Consejo de Ministros o en las comisiones. Y después el reconocimiento del catalán, euskera y gallego.
P. O sea que es su principal reivindicación.
R. Bueno, pero a Europa no vamos sólo a eso, sino que también apostamos por una Europa comprometida con un modelo social porque algunos de los países que se han integrado en la UE pueden tener la tentación de caer en una especie de ultraliberalismo absoluto que no compartimos. Una Europa thatcheriana no sería nuestra Europa.
P. Se presenta otra coalición con las mismas reivindicaciones identitarias, la de Esquerra Republicana y Eusko Alkartasuna.
R. Ninguna otra candidatura combina un profundo europeísmo con esta defensa de las identidades. La realidad hace que Galeusca sea la primera división, pues tiene una representatividad muy superior. Y por supuesto no lo representa José Borrell y ni mucho menos Jaime Mayor Oreja.
P. El peso político de las comunidades autónomas en las instituciones comunitarias depende en su mayor parte del Gobierno.
R. Sí, fundamentalmente deben resolverse en Madrid. El día en que el Gobierno español decida representar también a los catalanes, vascos y gallegos en las reivindicaciones políticas las cosas habrán cambiado. El Estado español, desde 1978, ha asumido que es un Estado descentralizado desde puertas adentro. Pero cuando los embajadores o los ministros españoles actúan en Europa siguen siendo ministros de 1977. Y en este sentido debemos conseguir una pequeña revolución. No es sólo un tema de reivindicación concreta. Significa que toda la voz europea que se oiga desde España asuma que es un Estado descentralizado y que muchas competencias son autonómicas. Y no tiene sentido que el Gobierno esté negociando en nuestro nombre, que no nos escuche y no se pueda intervenir.
P. Pero el Gobierno socialista ha anunciado diversas medidas que suponen un claro avance.
R. Es impresionante ver cómo los representantes de uno de los Estados más descentralizados de la UE, y podría dar nombres del PP y PSOE, cuando van a Europa no sólo callan la defensa de esta descentralización o de este reconocimiento nacional sino que incluso son los enemigos de cualquier avance. Quien más se ha opuesto a que la Constitución permita una relación directa de la UE y las regiones no es Francia sino España. Es patético, triste y sorprendente ver cómo el Estado español no nos representa en el exterior. En cuanto atraviesan los Pirineos, los funcionarios y representantes españoles son centralistas y castellanos en el sentido más estricto. Cuando llegan a Bruselas, sólo representan a los castellanohablantes respecto a la identidad cultural y lingüística.
P. ¿Por qué han decidido convertir la Declaración de Barcelona en una coalición electoral?
R. Hay una coincidencia de fondo que ha ido cuajando en los últimos años. Hemos sufrido en nuestras carnes un Gobierno de mayoría absoluta del PP, prácticamente dispuesto a echarnos del mapa y a ridiculizar cualquier reivindicación. José María Aznar, con la complicidad del PSOE, nos intentó expulsar del Parlamento Europeo y aceptó en el Tratado de Niza una reducción de escaños muy superior al deseable. Galeusca quiere reaccionar ante esta maniobra.
P. ¿No cree que ir de la mano del PNV radicaliza a CiU?.
R. CiU ha tenido estrategias diferentes a la hora de plantear sus reivindicaciones y no queremos ni copiarlas ni imponérselas al PNV. Pero desde una perspectiva europea nos unen muchas cosas.
P. O sea que defendería que el País Vasco tuviera un representante propio en el Ecofín.
R. Mientras el Gobierno vasco sea una unidad fiscal diferente en Europa entiendo que de ello se deriva un determinado reconocimiento. Las relaciones de poder dentro de la UE deben hacerse en función de quién tiene la autoridad en cada caso.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de junio de 2004