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Crítica:CLÁSICA | 'El holandés errante'

Una gran versión

Ya hace mucho tiempo que cierto género de óperas wagnerianas suben a los escenarios de concierto para rendir homenaje, expreso o implícito, a lo que fundamentalmente fue el traído y llevado genio de Alemania: un extraordinario compositor. Incluso se pretendió, y aún se intenta, esgrimir las soberbias creaciones wagnerianas como una suerte de filosofía, algo que encocoró tantas veces a los maestros del pensamiento filosófico. Hoy se sigue escribiendo sobre Wagner y su legado, mas se hace de otra manera, tal y como practica Eduardo Pérez Maseda en El Wagner de las ideologías, recientemente reeditado, obra inteligente de músico y estudioso.

Mientras tanto, versiones de tan limpia orientación, feliz realización, impulso poético y ausencia de pedantería como la que nos ha ofrecido la formación de Oslo en el Auditorio Nacional pueden establecer en todos sus valores la nobleza, el alcance y la sabiduría del músico y ser recibidas con el aplauso más cerrado por un público como el de Ibermúsica, de excelente nivel y atento a lo que más interesa: la creación musical y dramática en sí misma.

Orquestas del Mundo

Den Norske Opera. Director: O. Henzold. Coro: S. Kammler. Intérpretes: T. Stenvold, C. Stabel, T. Karlsen, I. Gilhuus, S. E. Sagbräten y H. Hoisaeter. Auditorio Nacional. Madrid, 4 de junio.

A propósito de El holandés errante, suele olvidarse el wagnerismo de una parte de la generación del 27 que llevó a un Salazar y Chapela (Málaga, 1900-Londres, 1965) a verter al castellano algunos dramas como Lohengrin o El buque fantasma (nombre que durante años se dio en los países latinos a El holandés), en las que palpita una rara fuerza interior. Misión de los intérpretes es evidenciar tales impulsos, y a fe que el maestro Olaf Henzold cumplió con largueza y clarificación cuanto de bello, lírico, evocador y trascendente habita en El holandés. El barítono Terje Stenvold hizo una estupenda creación del Holandés contrapunteado por la Senta de la soprano Turid Karlsen en un reparto bien integrado en la naturaleza de sus voces y de su arte por el bajo Carsten Stabel (Darland), los tenores Ivar Gilhuus (Erik) y Svein Erik Sagbräten (Timonel), y la mezzo Hege Hoisaeter (Mary). Espléndido el pequeño y biensonante coro y digna de las ovaciones recibidas la concepción global a partir de una continuidad contrastada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de junio de 2004